Sergio Lull.
EFE
Llull (23 puntos y MVP) y Carroll (22), héroes blancos en el Sant Jordi
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El Real Madrid rompió los pronósticos y se proclamó campeón de Copa del Rey de baloncesto 19 años después, tras derrotar a su máximo rival y bestia negra en los últimos años, el Barcelona Regal en el Sant Jordi por 74-91.
Un pletórico Sergio Llull (23 puntos), acompañado de Jayce Carroll (20), lideró al conjunto de Pablo Laso. Los blancos, con 23 títulos, superan a los blaugranas (22) y siguen siendo los reyes de la Copa.
Por extraño que suene,el Barça empezó mal en defensa. En cinco minutos había encajado 14 puntos. El Madrid anotaba con variedad: Suárez al poste, Tomic (por primera vez titular en esta Copa), Mirotic y, sobre todo, Llull.
El balear, que ya había firmado un espléndido cuarto inicial ante el Banca Cívica, estuvo imparable de inicio. Tuvo que entrar Sada para contenerle.
También Navarro para poner orden a las ventajas iniciales blancas. Anotó cinco puntos en un suspiro, pero el Madrid salió triunfante de un buen primer cuarto (17-22), en el que no perdió ningún balón.
La tendencia se mantuvo. El Madrid, concentradísimo, se sentía feliz en la pugna. Había apuntado Laso al rebote como uno de los puntos clave, y se notaba que sus chicos lo tenían en mente: peleaban a muerte en ambos aros.
Mediado el segundo cuarto, tras un espectacular mate de Begic, inmenso en la intimidación, a pase de Sergio Rodríguez, Xavi Pascual tuvo que pedir tiempo con la máxima en el marcador (23-32).
Como subraya en 'El Mundo' el periodista Lucas Sáez-Bravo, al Barça le costaba dar con la tecla en ataque. Más fallos de lo habitual que otorgaban moral al grupo de Pablo Laso, con el único pero de que se cargaba de faltas (Begic hizo la tercera). Sólo N'Dong andaba fino, haciendo daño en el rebote ofensivo.
Así las cosas, una canasta de Felipe Reyes elevó la máxima (25-36, min. 17). Recortó el Barça, pero un triple sobre la bocina coronó la gran primera mitad de Llull en particular y del Madrid en general, que había hecho todo casi perfecto (33-42).
A la vuelta de vestuarios, el Barça elevó el nivel defensivo, empezó a ser él mismo, como no podía ser de otra forma. El partido se volvió una preciosa batalla, en la que el Madrid intentaba responder los golpes azulgrana, que se crecían espoleados por un Sant Jordi con mayoría culé.
Dos triples seguidos de Lorbek metieron de vuelta definitivamente a los de Pascual en el partido (51-52). Aunque Carroll, tras el tiempo muerto, anotó seis puntos consecutivos para volver a estirar la cuerda.
Tensión máxima, incluso con los árbitros, que llenaban de picante una final que recordaba a otros tiempos de igualdad.
Y, de nuevo Llull de tres sobre la bocina, héroe con 20 puntos a esas alturas, para mantener al Madrid con todas las esperanzas antes de entrar al momento de la verdad (56-64).
Y, de repente, el Madrid se sintió campeón. Emergió Carroll con ocho puntos consecutivos al inicio del último cuarto para saltar la banca y poner la Copa patas arriba (56-73). Quedaban menos de ocho minutos y la final ya sólo la podía perder el Madrid. Pero no, era imposible, los blancos estaban en estado de gracia, pletóricos, confiados, perfectos.
Era al Barça, tantas veces campeón últimamente, al que no le entraba nada, el que se ahogaba en frustración viendo como el killer mormón les desangraba en un último cuarto para el recuerdo.
La distancia creció incluso hasta los 20 puntos a falta de 3:30 (65-85), cuando ya, a esas alturas, había un campeón en el Sant Jordi. Quien lo hubiera dicho, contra todo pronóstico, tras dos finales perdidas, el Madrid triunfo para seguir siendo el rey de Copas.
