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Para quitarse el sombre ante Zinedine Zidane. El pase del Real Madrid a cuartos de final de la Champions tiene muchas connotaciones para el equipo merengue. Una de las fundamentales apunta a su banquillo.

 Zidane sale reforzado después de tumbar al PSG y de hacerlo, además, con su gente. Con sus jugadores. Con sus ideas. Sin injerencia ninguna. Un canto a la meritocracia por encima de la política. Un puñetazo de autoridad en la mesa de Florentino Pérez.

Un puñetazo que comenzó, curiosamente, cuando el francés más ahogado se sentía. Cuando más le apretaba la soga al cuello del banquillo. Justo en los días previos al partido de ida contra el PSG, las filtraciones desde el Bernabéu apuntaban a que el resultado de este partido, lo que sucediera en la eliminatoria, determinaría su futuro.

Así que el entrenador decidió que, de morir, moriría con sus ideas. Sin condicionante ninguno.

De ahí que en el banquillo, pese a estar en plena forma, dejase a Gareth Bale, futbolista que por su precio (101 millones de euros) y las circunstancias de su fichaje (fue cosa personal del presidente) siempre ha gozado de ciertas prebendas a la hora de jugar.

Desde Ancelotti hasta Benítez, pasando por Zidane, todos los moradores del banquillo merengue entendieron que con el galés había que tener cierta bula. La temporada pasada Zizou pudo esquivar el asunto apoyado en los problemas físicos del galés.

Pero con el de Cardiff en plenas condiciones, esta vez tuvo que tirar de su propio criterio personal. La jugada le funcionó.

El Real Madrid ganó 3-1 en la ida y ahora, en la vuelta, el técnico francés ha repetido apuesta redoblándola. Bale volvió a ser suplente para su disgusto. Ni el pase a cuartos le alegró la cara. Lo festejó (por llamarlo de alguna manera) en solitario.

En el partido previo contra el Getafe jugó de interior izquierdo en un 4-4-2 y la fórmula funcionó. El ex del Tottenham realmente creía que tenía opciones de competir de inicio repitiendo posición. No fue así.

Tampoco fueron titulares Kroos, Modric e Isco. Artillería pesada que fue sustituida por Kovacic, Lucas Vázquez y Asensio. El resultado: un duelo casi perfecto del Real Madrid que ratifica al entrenador por el qué, pero sobre todo por el cómo.

Sin influencias del palco en la alineación, Zidane se siente más libre para elegir y, paradojas del fútbol, el resultado es que el Real Madrid juega mejor.

Consecuencia que, para el futuro del técnico, si decide continuar, no es más que un balón de oxígeno que refuerza su toma de decisiones dentro del campo, como ha pasado en la Champions, pero también fuera, con fichajes y demás decisiones trascendentes que afecten al plano deportivo