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El centrocampista argentino del Sevilla Éver Banega pelea un balón con Fernando Torres, del Atlético de Madrid. EF

Un simulacro de coincidencia acerca el Wanda Metropolitano al Vicente Calderón. Mientras el viejo estadio entrañable de tantas tardes duerme en día de partido, en el nuevo recinto el club y los hinchas han preparado un recibimiento colosal a los jugadores. Una bandera mastodóntica se descuelga del tercer anfiteatro y cae hasta la mitad del aforo. 115 años contigo, se lee, mientras en el campo una secuencia de banderitas rojas y blancas saluda a los futbolistas. El Wanda entona el himno a capela, los fondos se dejan la garganta con el célebre «jamás, jamás te dejará esta hinchada...» y por una vez Simeone se ha desprendido de su coraza protectora. Juegan Koke y Saúl por el centro, Vitolo y Correa en los volantes, Griezmann de enlace con Gameiro.

No todo el mundo en Valencia es del Valencia. Como Teruel, existe el Levante, equipo de barrio, de mar, de pescadores y trabajadores. Buena parte de los seguidores que dejaron caer por el Wanda ayer difícilmente recitarían la defensa, el centro del campo y para qué hablar de la alineación completa. Conjunto laborioso, de sube y baja, Primera a Segunda, que se esforzó de lo lindo en el césped, pero que tenía una sentencia en la frente: no podía salir con bien de allí, según recoge José Carlos Carabias en ABC.

El Atlético fue más dinámico con Koke y Saúl, el balón hacia adelante, más participativo y rápido el equipo, sin que se resintiera el balance defensivo en apariencia al menos. Hubo cambios de juego, fintas por el centro, pases filtrados y un tono menos monocorde. Vrsaljko por la derecha y Lucas por la izquierda recordaron que este grupo necesita la profundidad de sus laterales.

Venía el día mejorado y apareció Vitolo. Surgió el olvido el centrocampista que deslumbró en el Sevilla y acudió a la selección española. Rápido por la banda, combinativo, profundo, hábil en el quiebro, potente en la arrancada... El Atlético exprimió al canario, lúcido ayer. Se pareció al jugador que habían fichado en el invierno. Casi todo el peligro atlético provino de Vitolo, cómodo en el ritmo del pase con Griezmann, su socio. Una gran jugada del canario, en diagonal a la portería, acabó en un fabuloso pase a Correa, cuyo engaño terminó en gol.

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