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Felipe VI con la Copa del Rey de Fúbol. EP
El Barcelona ha convertido cada final en la que participa en un absurdo acto de reivindicación política en defensa de falsedades. Si no le gusta la Copa, que renuncie a participar en ella

¡Se acabaron las pamplinas! No más remilgos, ni gestos blandos o buenas palabras: a Felipe VI se le han 'hinchado las bolas' -literalmente- y a diferencia de años anteriores, en la final de la Copa del Rey de España, este 21 de abril de 2018, no va a dejar que el presidente del Barça y la banda de independentistas que le rodean, se vayan de rositas.

Habrá replica este sábado y en el mismo palco (El marido separatista de Griso vuelve a hacer el payaso burlándose de Tomás Guasch por defender el himno español).

La Zarzuela ha cerrado un debate interno que manejaba la idoneidad de responder a los reiterados ataques a la Corona y al Estado en la Copa del Rey y habrá réplica.

Como ha relatado con detalle el periodista David Lozano en el EsDiario, el recién divorciado Josep María Bertomeu llega dispuesto a hacer buena su "amenaza" y se da por supuesto que intentará convertir el partido de la final -que disputan en el Wanda Metropolitano de Madrid el club culé y el Sevilla- en un acto de homenaje a los llamados "presos políticos".

Con disimulo, escondiendo la mano, con lacitos, gestos y todas sus malas artes, pero reiteradamente, lon que sería de concretarse una humillación sin precedentes al Jefe del Estado español.

Una vez más, el independentismo catalán, con la cooperación necesaria del F.C. Barcelona y la indolencia de la Federación de Fútbol, pretende convertir una final de la Copa del Rey en un aquelarre contra España, contra el Monarca y contra el himno nacional.

En España las ofensas contra los símbolos tienen un grado de permisividad jurídica inadmisible. Silbar al Rey, acallar con gritos y pitidos el himno, o portar banderas inconstitucionales como la estelada, suele salir gratis.

No es una simple falta de respeto ni un mero ejercicio de libertad de expresión. Es un ataque consumado a los sentimientos de la inmensa mayoría de españoles, que no tienen por qué soportar la instrumentalización política que hace del deporte un separatismo absolutamente minoritario denigrando a las instituciones.

Más allá de la pitada al Rey y al himno, que se da por amortizadas, el foco está puesto ahora en la posible infiltración de los llamados Comités de Defensa de la República (CDRs) entre los cerca de 25.000 aficionados del Barsa que se espera comiencen a viajar a Madrid en las próximas horas. Los llamamientos en redes de la ANC y Ómnium y un comunicado interno remitido a las peñas del Barcelona en todo el mundo han desatado todas las alarmas.

De hecho, un informe de la propia Guardia Civil ha advertido de la agresividad del número dos de Ómnium, Marcel Mauri, uno de los cabecillas también de los violentos CDRs.

En el palco lógicamente habrá tensión. Y en La Zarzuela ha existido un intenso debate esta semana para abordar la cuestión sobre cómo debe actuar el Monarca ante esa delicada situación. Según ha podido saber ESdiario, el Rey Felipe VI no está dispuesto a ser un "muñeco de pin, pan, pun" y pasará al contraataque.

Lógicamente el Rey no se saldrá del marco que establecen las normas del decoro y protocolo institucional, pero Don Felipe mostrará públicamente su malestar con quien es actor y promotor principal de estos actos reivindicativos: el presidente del Barcelona.

Las mismas fuentes no detallan cómo hará notar el Monarca su "basta ya" ante las continuas faltas de respeto pero inciden en que "se debe hacer notorio" para que los ciudadanos hastiados de las continuas vejaciones a los símbolos comunes de los españoles se sientan representados por el Rey Felipe.

Otra cosa es lo que pueda ocurrir de puertas para adentro, en el descanso del partido, alejado de los focos y las cámaras. Según las fuentes consultadas por ESdiario, en privado veremos la versión más severa de Don Felipe.

Con dureza y firmeza, al más puro estilo de su declaración institucional el pasado 3 de octubre dos días después de la celebración del referéndum ilegal en Cataluña,el Rey se quejará formalmente a la expedición del Barcelona encabezada por Bertomeu.

El presidente culé Bertomeu exigió:

"Una justicia que permita acabar con la insólita situación de prisión provisional que sufren, no solo los políticos, sino también nuestro expresidente Sandro Rosell, que hace casi un año que está en prisión provisional, lo que considero desproporcionado".

Una insólita mezcla entre el procés y los delitos de corrupción que acorralan a su sucesor.

Lógicamente la tensión no se podrá evitar en el nutrido Palco de autoridades del Metropolitano que acoge su primera final que sí o sí estará empañada por la polémica.

El Barcelona ha convertido cada final en la que participa en un absurdo acto de reivindicación política en defensa de falsedades. Si no le gusta la Copa, que renuncie a participar en ella.

En España no hay presos políticos ni repúblicas independientes. El separatismo ha roto la convivencia en Cataluña y sigue sin darse cuenta de que sus objetivos no se pueden cumplir.