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Joan Mir con la bandera española. EF
La prueba se suspendió a siete vueltas del final por la lluvia, quedando por definitiva la 16ª, con el español primero y Fenati sexto

Joan Mir, como es costumbre en él, paseó la bandera de España en su vuelta de honor. Se la entregó su representante y amigo, Paco Sánchez, que el día anterior se la solicitó a un amigo que suele llevarla en su bolsa de viaje.

Sin embargo, como cuenta Mela Chércoles en 'AS' este 22 de octubre de 2017, esta vez no la tenía consigo, pero se hizo una gestión y se la proporcionó el circuito, con la promesa de que se le devolviera después de usarla porque era de las del podio y no disponían nada más que de tres, con lo que sería necesaria en caso de triplete español en cualquier categoría.

En Moto3 no hizo falta recurrir a ella, y menos mal, porque se la tragó una rueda de la Honda de Mir en la vuelta de honor y sólo quedó un trocito de ella. El balear consiguió pasearla durante unos instantes, pero entre lo grande que era y el flanear del viento, se la comió la rueda trasera.

NUEVO CAMPEÓN DE MOTO3

Había ganado durante los quince grandes premios anteriores, pero tenía que rubricarse con una carrera fantástica, imponiendo su inteligencia, su calidad y su superioridad en la categoría pequeña. Joan Mir es campeón del mundo, con una ambición calculada al milímetro.

Le bastaba con sumar cinco puntos más que Romano Fenati, su perseguidor más inmediato. Una renta ganada durante un curso impecable. Pero Mir quería terminar su paso por Moto3 a lo grande: con el título conquistado desde lo más alto del podio en el Gran Premio de Australia. Y con la novena victoria del año.

No eran las mejores condiciones para ello: los nervios, el recuerdo de la mala carrera en Motegi, una pista húmeda, algunas gotas, carrera en grupo... Pero ante lo más difícil, la inteligencia de Mir.

Su precaución lo llevó a aguantar durante las primeras vueltas en un pelotón peligroso porque se sucedieron la caídas en una pista con todavía temperaturas muy bajas. Pero en cuanto se sintió con fuerza estiró el grupo para eliminar a algunos de los rivales que podían complicarle la situación.

Unas gotas pusieron emoción a la carrera y nervios en el casco del piloto de Leopard, y prefirió pasar al fondo de la batalla de nuevo. Dejó que los demás secaran la pista hasta que volvió a encontrarse seguro, confiado y con ganas de triunfar a lo grande: con victoria. Lo hizo, remató a lo campeón, porque volvió a coger la cabeza y la lluvia hizo el resto.

Acompañó sus pasos en la meta de salida y dirección de carrera sacó bandera roja: se acabó la carrera y Mir, que había pasado primero en la última vuelta, se convirtió en campeón. Decimonoveno piloto español en ganar un título del mundo. Título número 47. El mejor broche a su fantástico curso.

Casi no se lo creía porque el final había sido tan abrupto que tardó unos minutos en darse cuenta de la proeza. Hasta que lo confirmó al ver a su padre y a parte de su equipo correr hacia él para darle la camiseta de campeón, el casco dorado y la bandera española con la que disfrutó después de su vuelta de honor. Y también en el podio, todavía sin poder creerse lo que había hecho, por mucho que Livio Loi y Jorge Matín lo bautizaran en champán. Su nombre: Joan Mir, campeón del mundo.