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Floyd Mayweather contra Conor McGregor. PL
Mc Gregor pedía seguir hasta el duodécimo y último asalto sin acordarse de que no estaba en la jaula octagonal donde habitualmente pelea sino en un cuadrilátero donde un juez velaba por su integridad

Floyd Mayweather silenció a Conor McGregor allí donde los púgiles tienen que hablar de verdad: sobre el caudrilátero. El estadounidense ganó por ko técnico al irlandés en el décimo asalto y puso punto y final a su carrera pugilística con un 50-0 que supera el récord de otra leyenda, ‘Rocky' Marciano.

McGregor estuvo a la altura de la exigencia de un combate con millones de espectadores viéndolo en todo el mundo y obligó a Mayweather a cambiar su habitual estilo defensivo para hacerse con un triunfo que llegó por agotamiento de su rival, totalmente entregado a partir del octavo asalto. Los dos púgiles acabaron contentos por el espectáculo ofrecido.

Mayweather confió en sus posibilidades y aguantó bien la agresividad de McGregor en los primeros asaltos pero cuando cambió su táctica, apostando por atacar, empezó a hacerse con el control de la pelea hasta llevarse un triunfo que nadie dudaba que iba a ser para él.

Era un reto para McGregor enfrentarse al mejor boxeador del siglo XXI y traspasó su agresividad verbal a sus puños para tomar la iniciativa en un primer asalto. Con la pose típica de las artes marciales mixtas, el irlandés lanzó dos ganchos contra su rival que pusieron en alerta a Mayweather y auguraron un gran combate.

Mayweather analizó la estrategia de su rival en los primeros tres minutos y replicó en el segundo asalto. El estadounidense, acostumbrado a ir cocinando los combates desde una actitud defensiva, tuvo que contraatacar para atajar el ímpetu de su rival, que recurrió en demasiadas ocasiones a acciones ilegales ante la permisividad del árbitro.

La mayor envergadura y corpulencia de McGregor jugaron a su favor en el inicio del combate, pero el tiempo iba en su contra. Acostumbrado a los intensísimos tres asaltos de su disciplina, los doce del boxeo eran una auténtica muralla mental para el irlandés. Mayweather lo sabía y tenía bastante con un contrarrestando con un boxeo más ofensiva los envites de su rival, que podrá jactarse de haber obligado al estadounidense a variar su estilo para vencerle.

En el sexto asalto los dos púgiles intercambiaron sonrisas en el cuadrilátero. McGregor sabía que se había ganado el respeto de su rival por su manera de afrontar la pelea; Mayweather, que la resistencia del irlandés se estaba agotando.

El octavo asalto supuso el punto de inflexión definitivo. Apareció el Mayweather de las grandes veladas, más agresivo y llevando al límite a su rival. Elevó el ritmo de sus ataques el estadounidense buscando noquear a su rival con un golpe certero que nunca llegó. Al irlandés no se le puede negar que tuvo arrestos hasta el final. Salió a por todas en el inicio del noveno asalto. Era su última oportunidad de hacer saltar la banca.

Mayweather supo zafarse de los golpes que le lanzaba su rival y decidió que hasta ahí había llegado McGregor. Aceleró de nuevos sus ataques y su rival pagó el esfuerzo de su última andanada. Con la guardia ya muy baja y la cara completamente enrojecida por el cansancio, McGregor estaba a merced del estadounidense.

Llegó al final del noveno asalto pero el árbitro tomó su decisión más acertada de la noche: parar el combate en el décimo round con Mayweather ya desbocado para evitar males mayores.

Mc Gregor pedía seguir hasta el duodécimo y último asalto sin acordarse de que no estaba en la jaula octagonal donde habitualmente pelea sino en un cuadrilátero donde un juez velaba por su integridad.