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¿Te acuerdas del niño más fuerte del mundo? ¿No? Tranqui, que para eso estamos nosotros, para refrescarte la memoria. Con ocho años, este chaval era capaz de levantar pesas de 100 kilos, un hecho que maravilló y horrorizó a partes iguales a la población mundial (o la parte que se enteró de su existencia). El caso es que ese niño con tableta de chocolate es, en la actualidad, un adulto normalillo.

Richard Sandrak, nuestro protagonista, defiende que su exhibicionismo de infancia siempre fue bajo su consentimiento, y que no fue culpa de sus padres que se convirtiera en una máquina de gimnasio tan temprano. Cuando se conoció su caso alrededor del mundo, varios médicos y docentes pusieron el grito en el cielo por las consecuencias físicas y mentales que podría tener esa obsesión por cultivar el cuerpo, según recoge Vice.

Hijo de dos inmigrantes ucranianos obsesionados con el fitness, el pequeño Richard se pasó la infancia comiendo legumbres (por su alto valor proteico), durmiendo en el suelo para mejorar su postura y, claro, haciendo cientos de series de abdominales, sentadillas y otras torturas para cualquier enano. En total, Richard entrenaba hasta siete horas diarias, pero todo cambió cuando su padre acabó en prisión por pegar a su madre.