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Rafa Nadal en Wimbledon. EF
El suizo, fuera de la Central tres años después por las quejas de Djokovic, no pudo con el saque de Anderson (28 aces), que salvó un match ball y jugará en semifinales contra Isner

Aguardaba Wimbledon a una final entre Rafa Nadal y Roger Federer como la que hace diez años elevó al tenis a la categoría de arte. Pero no se dará por la derrota del suizo a manos de Kevin Anderson.

Sin embargo, sí habrá un partido que deberá ser recordado durante algún tiempo a falta de cinco días para que termine el torneo, la épica victoria de Rafa Nadal ante el argentino Juan Martín Del Potro.

Un duelo repleto de emoción, a la altura de los más grandes, en el que ambos tuvieron la victoria al alcance, pero en el que el pundonor del mallorquín pudo un poco más, como Nacho Albarrán en 'AS' este 12 de julio de 2018.

El primer set se lo apuntó Nadal al romper el saque de Del Potro en el momento más conveniente, con 6-5 a su favor. Antes había tenido dos oportunidades más, en el octavo juego.

A los puntos, se merecía sumar primero. La segunda manga la tuvo primero cuesta arriba y luego casi ganada el balear. Un break había puesto por delante a la Torre de Tandil (5-4), pero acto seguido, y como había hecho en la misma situación en anteriores partidos, Rafa se recuperó en seguida para llevar el parcial al desempate. Ahí erro, tuvo cuatro bolas para ganarlo y las desperdició.

La perseverancia dio alas a Del Potro, que mejoró y se comportó como una roca en el tercer set. Seguro, con pocos fallos (8) y más del doble de golpes ganadores que su rival (16-7). Agresivo y valiente, le devolvió la moneda de la primera manga a Nadal con una rotura para el 6-4. Momento de incertidumbre, que no de zozobra, para un luchador infatigable que no pensaba entregar el partido.

Desde entonces, se animó constantemente, con cada punto ganado, con la furia incontenible que le ha llevado a levantar ya 17 títulos de Grand Slam. Minimizó los fallos, se creció y aunque no aprovechó sus dos primeras opciones de igualar el partido al resto, con su servicio y un salto marca de la casa cerró el 2-2. Otro partido épico, como el de Federer contra Anderson, al quinto set.

Un final de película

Nadal, cerca de su más alto nivel, hizo maravillas, atacó para contrarrestar la intensidad de Delpo; con su revés funcionando como si fuera un drive, ganó puntos (67 winners al final) y, además, elevó la potencia de sus saques y afinó las dejadas. Toda la artillería en el campo de batalla con su habitual despliegue físico. Resoplando y con esa expresión suya que mezcla sufrimiento y hambre de gloria se fue a por el triunfo.

No iba a ser sencillo, porque en lucha no es fácil vencer al argentino, que no dudo en revolcarse por la hierba para salvar una contradejada con 1-1. Pero alternaba grandes aciertos con fallos de bulto y eso facilitaba la presión de Nadal, tan cegado que al intentar devolver un envío acabó en la grada, encima de un espectador. Poco después y tras un par de resbalones, con otro revés ganador se colocó con 3-2 y servicio. Luego salvó hasta cinco puntos de break y con un banana shot increíble, su famoso drive arqueado, cerró un juego precioso y se acercó a la victoria que certificó con una volea en la red mientras Delpo rodaba por el suelo. El público despidió a los dos tenistas, que se abrazaron como dos púgiles agotados, puesto en pie y con una ovación atronadora. El partido, fantástico, se recordará durante mucho tiempo.