Imagen de la película 'Perfectos desconocidos'.

Este viernes 1 de diciembre de 2017 se estrena 'Perfectos Desconocidos', la última película de Álex de la Iglesia, producida por Telecinco Cinema y protagonizada por Belén Rueda, Eduard Fernández, Eduardo Noriega, Pepón Nieto, Ernesto Alterio, Juana Acosta y Dafne Fernández. Una cinta destinada a ser un taquillazo. ¿Por qué? Lo merece.

Siete amigos. Una cena. Un juego. Todos ponen sus móviles encima de la mesa y están obligados a hacer públicos los mensajes, llamadas o emails que les lleguen durante la velada. Los engaños, mentiras, secretos y rencores salen a la luz y un par preguntas quedan en el aire ¿La verdad está sobrevalorada? ¿La ignorancia es mejor?

Trailer de 'Perfetcos desconocidos'

El filme es una adaptación del la película 'Perfetti sconosciuti' dirigida por Paolo Genoves en 2016 que fue un éxito rotundo en su Italia natal y que encaja perfectamente con el mundo buñueliano de De la Iglesia: Lucha de clases con personajes enclaustrados en una misma jaula (en este caso, de oro).

Y aunque la versión que nos ocupa está endeudada (aunque no del todo) con el texto original, De la Iglesia se desliga de él para poner su propia impronta. Hay como dos películas en una; la que está escrita y la que realmente quiere hacer el director.

Lo que podría quedarse en una comedia de enredos pasa a ser algo más inquietante y trascendental. De la Iglesia consigue transformar un capítulo de 'Los Serrano', por ejemplo, en un thriller psicológico sólo con saber colocar la cámara y con una banda sonora que pone los pelos de punta.

La obsesión por el ritmo que tiene el director de 'La Comunidad' se pone a prueba con una historia que no requiere, a priori, demasiado lenguaje audiovisual. En manos de otro creador (como pasaba en el original italiano) todo se reduciría a un intercambio de malentendidos, en una crítica a la burguesía acomodada sin mucha trascendencia.

Pero De la Iglesia va más allá y demuestra con esta pieza de cámara, pequeña y sin efectos, lo bueno que es. La planificación y el montaje son sublimes. El director juega con las expectativas, con la tensión, y coquetea con el miedo e incluso con lo sobrenatural para regalarnos una fábula teatral muy bien armada.

LO MEJOR: La banda sonora. Aunque parezca fuera de lugar, le da una vuelta de tuerca a la historia.

La labor de De la Iglesia, su obsesión por el ritmo y su ya conocida maestría en la mezcla de géneros. Nunca la ambigüedad tonal había resultado tan efectiva.

El reparto en general aunque destaca la labor de Juana Acosta y de, sobre todo, Dafne Fernández, en plena madurez profesional, defendiendo un personaje que podría ser bastante soso y convirtiéndolo en el más real del grupo.

LO PEOR: El guión deambula por demasiados lugares comunes. Y aunque nunca aburre, sí que es cierto que ciertos chistes o situaciones quedan anticuados. Parece la típica historia que habría rodado Globomedia en los 90- ¿Alguien se cree que unos personajes como estos, en los tiempos que corren y en Madrid, tengan problemas con los homosexuales? En la cultura italiana tiene sentido, aquí no-.

LA SECUENCIA: El personaje de Eduard Fernández hablando con su hija por teléfono. La humanidad en imágenes.