Palomo Spain, María Escoté, Lorenzo Caprile y Raquel Sánchez Silva.

¿Hay vida después de 'Operación Triunfo'? Si el 'más allá' en 'Maestros de la costura', mal vamos. La1 de TVE estrenó el 12 de febrero de 2018 su nueva esperanza blanca, un talent-show de moda que copia, plano a plano, prueba a prueba, el mecanismo de 'Masterchef' y que no está mal pero no dice gran cosa. De momento.

Promo de 'Maestros de la costura': El intento (fallido) de TVE por sustituir 'OT 2017'.

LA VIDA DESPUÉS DE 'OT'

'OT 2017' ha dejado un hueco enorme. Un agujero negro difícil de rellenar. El concurso musical ha sido el único fenómeno social televisivo que hemos tenido en España desde hace años. Los espectadores nos hemos queda huérfanos, hambrientos por tener iconos nuevos. El público quiere ser fan de alguien y eso es una empresa difícil de conseguir.

Todas las cadenas se han puesto en marcha para adaptarse a la nueva tendencia televisiva. Ya no valen los concursos en los que los jueces o coaches con más importantes que los participantes ( 'La Voz', 'Got Talent'...). Ahora se trata de fabricar ´símbolos', cenicientas (o cenicientos) modernos.

La primera alternativa que nos han ofrecido para 'sustituir' el fenómeno 'OT' es 'Maestros de la costura'. Pero hay que dejar algo muy claro: Si comparamos estos dos productos es porque el segundo se ha estrenado una semana después del final del primero y en el mismo día (los lunes). Punto. No hay más puntos en común.

'MAESTROS DE LA COSTURA' O 'MASTERCHEF'

En todo caso, ‘Maestros de la costura' es la nueva versión de ‘MasterChef'. Ambos shows son completamente idénticos. Se ha cambiado la profesión y ya está. La estructura, la escaleta, las pruebas, la realización y el concepto en general son clavados. Esto es bueno y malo a la vez.

Tanto TVE como Shine Iberia , la productora de ambos formatos, han ido a lo seguro. No hay riesgo. Han acertado en crear un piloto dinámico en el que las presentaciones de los concursantes se iban trufando durante todo el programa y en el que se metieron en materia desde casi el primer momento.

Además, quienes hayan visto 'Masterchef' (O '¡Top Chef') no se perderán. El programa es un lugar común dentro del mundo de los talent-shows. Es tan fácil De ver que seguro que funciona en audiencia.

Lo malo es, precisamente, esa estructura intercambiable, esa falta de riesgo. Si lo comparamos, por ejemplo, 'Project Runway', el talent de moda estadounidense que lleva 15 temporadas triunfando, éste tiene un planteamiento más morboso, más centrado en el reality, con convivencia entre concursantes (lo que provoca mayor acercamiento a ellos, que es de lo que se trata).

CAPRILE, EL GRAN DESCUBRIMIENTO

El jurado de ‘Maestros de la costura' está formado por los diseñadores de moda Lorenzo Caprile, María Escoté y Alejandro García Palomo (director creativo de Palomo Spain). Y aquí hay, como en todo el programa, oscuridad y luz.

Palomo Spain, nueva revelación de nuestras pasarelas, representa el histrionismo propio de la moda que avanza y provoca (aunque tenga sus detractores). Como jurado, bien pero sin aplausos. Es borde, divo y llamativo.

El eslabón más débil es María Escoté. No sabe manejarse delante de una cámara. No tiene presencia y es aburrida.

Caprile, sin embargo, es la gran revelación televisiva de la temporada. Él es ‘Maestros de la costura'. Es gruñón, exigente, da espectáculo pero lo suyo no es pose, se le nota apasionado, respetuoso por su profesión. Sólo por verle a él merece la pena el concurso.

Luego tenemos a Raquel Sánchez Silva como maestra de ceremonias y sí, es una gran presentadora, eso ya lo sabíamos, pero su protagonismo es un pelín excesivo para un programa como éste.

El casting me ha gustado: Desde los gemelos católicos, a la modelo que ha pasado a ser modista, al valenciano que dejó de ser vedete para ser maestro de la costura (Eduardo, el ‘villano' de esta edición).

No soy ningún experto en moda, ni yo ni el 80% de los espectadores para los que se ha hecho este programa por lo que puedo decir que la imagen que se da del mundo del diseño en España me resulta superficial, demasiado histriónica. Por no hablar de las continuas faltas de los concursantes a los jueces, al programa y a la audiencia.