PD América
Nadie levanta cabeza desde que en 2011 fuese derrocado Muamar el Gadafi. Tras el levantamiento ciudadano inspirado por la Primavera Árabe, en Libia malviven hasta 1.700 grupos armados, y la presencia de miles de yihadistas del ISIS sume al país, si cabe, en un mayor caos.
Por si fuera poco, Al Quaeda también mete baza.

El problema se agrava también por la división entre las milicias de Trípoli y Misrata por un lado, y el Ejército del mariscal Jalifa Hafter, por otro.

La expulsión en diciembre de 2016 de los terroristas islámicos de Sirte no ha paliado la situación, y los mentados se han repartido por distintas zonas haciendo de las suyas.

En el caso que nos ocupa miebros del Ejército libio capturan a uno de ellos en Bengasi, una ciudad del noreste del país, a quien ponen de rodillas y disparan.

El discurso del chulo militar no impide que el condenado se suelte una ventosidad que pasa desapercibida, aunque no evita caer abatido a balazos. Los gritos de "Alá es grande" proferidos por los presentes, da idea de por dónde van los tiros.