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Quizá hubiera habido otra opción, pero a los torpes policías colombianos, de gatillo fácil, no encontraron otra: cuatro tiros y a otro asunto.

El joven de 18 años, Saúl Fernández Pinzón, había dejado por pagar una gaseosa en un pequeño bar del departamento colombiano de Magdalena, y la propietaria del comercio llamó a la policía. Pocos minutos después, llegaron dos agentes en una motocicleta y, al verlos, el joven se escondió en el mismo lugar del cual había robado la bebida. Los policías lo sacaron tomándolo del cuello.

El tema se complicó cuando el joven sacó de entre sus ropas un cuchillo y comenzó a amenazarles. Uno de los patrulleros tomó del pantalón a Saúl, mientras el otro sacó un arma reglamentaria...

Los hechos quedaron registrados en una cámara de seguridad, y con el video la familia del fallecido instauró una denuncia en la Fiscalía contra los dos agentes. El comandante de la Policía Metropolitana de Santa Marta, coronel Gustavo Berdugo, dijo a 'El Heraldo' que investigan el suceso en el que uno de los uniformados recibió cuatro puñaladas en sus brazos, según sus reportes.

"Esto se presenta a un procedimiento que iban a hacer ellos en un billar, al no facilitar la requisa hay el forcejeo y se presenta esta situación especial donde hay unas agresiones de la persona contra el uniformado y genera que accione el arma de fuego, frente a las heridas que recibió",

comentó el coronel Berdugo.