PD América
Encerrada dentro de un cuarto oscuro, en una silla de ruedas, fue encontrada una de las víctimas: una anciana abandonada por sus familiares

Son los grandes olvidados de la hambruna que azota Venezuela. Adelgazan 1,3 kilos de media mensual, -según un reciente estudio del Observatorio del Envejecimiento del estado Miranda, junto a Caracas-, y la situación empeora por momentos, mientras el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales hace oídos sordos. (El 'Comegente' venezolano que descuartiza presos y hace empanadillas con ellos... ¡para alimentar al penal!).

Son las personas de la tercera edad que viven en los 'ancianatos' del país de Maduro, muchas de ellas ingresadas por sus familiares ante la falta de comida en sus hogares, y de quienes abusan lo indecible, como en el horrendo caso que nos ocupa.

Por algo Venezuela es el primero de los países latinoamericanos "no elegibles" para ser anciano, según 'Global Age Watch', aunque los adultos tampoco lo tienen mejor a la hora de acudir a la sanidad: un 51 por ciento de los quirófanos de los hospitales públicos venezolanos no se encuentran operativos y un 78 por ciento de estos centros sufre la escasez de medicamentos, según la Encuesta Nacional de Hospitales 2017 presentada en el Parlamento por el diputado opositor José Manuel Olivares.

Y ahora, de no ser por una monja que fue secuestrada en su día en uno de estos centros por su actual arrendatario, un tal Alonso Betancourt , otros muchos ancianos hubieran seguido muriendo en la sombra merced a la desidia del Gobierno venezolano y a los tejemanejes de muchos 'malandros', que se sirven de las necesidades ajenas para llenarse los bolsillos, o el buche.

El escenario de esta crónica se sitúa en el antiguo edificio que las monjas de la congregación El Buen Pastor regentaban en la quinta San José, situada en la avenida Bogotá de la urbanización Los Caobos, en Caracas. Allí, fueron desalojadas con malas artes por el mentado en 2007, quien convirtió el lugar en un geriátrico, con la ayuda de un médico psiquiatra de dudosa reputación.

Desde este año comenzó una pelea en los tribunales de Caracas, donde las monjas le exigían a Betancourt el desalojo de la propiedad. Era una disputa constante y mientras ocurría aquello el centro se convertía en una especie de perverso puticlub ante la aterrada mirada de los abuelos que estaban ingresados.

Durante las noches llegaban al lugar todo tipo de sujetos y prostitutas, quienes se dedicaban a protagonizar salvajes fiestas sexuales donde no faltaban las drogas y los rituales de brujería.

En una de esas juergas violaron a tres personas mayores del lugar. Una de sus víctimas fue una  anciana postrada en una silla de ruedas, la misma a quien escucharon gritar los funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), cuando entraron este jueves 24 de mayo de 2018 en el edificio con una orden de desalojo en la mano. Las otras dos eran hombres de avanzada edad que fueron sodomizados.

Basuras por doquier, pañales de adultos con excremento tirados en el piso, putrefacción en cada punto de la propiedad, pisos y paredes corroídas, alimentos dañados, colchones pestilentes, un escenario de descuido y abandono, no apto para vivir.

Los agentes encontraron incluso en el horno de la cocina ratas muertas, gatos y gallinas degolladas.

Ni que decir tiene que el responsable fue detenido, curiosamente junto a otro de los internos: un joven de aproximadamente 25 años que estaba en silla de ruedas -le habían pegado un tiro en una pierna- y que estaba en busca y captura por homicidio.