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Lady Di. BP

Era el verano de 1997 cuando Diana de Gales perdió la vida en el parisino puente del Alma. Una muerte que conmocionó al mundo entero y que marcó un antes y un después en la monarquía del Reino Unido y que marcó la vida de sus hijos.

"Lo creas o no, tú y yo estábamos juntos en esta fotografía, ¡estás en la tripa!", le dice el príncipe Guillermo a su hermano Enrique mientras hojean un álbum familiar frente a las cámaras de la cadena de televisión británica ITV en la que dicen, es su entrevista más sincera.

Ambos recuerdan a su madre y hablan de cómo era su personalidad. "Era muy informal y realmente disfrutaba de la risa y la diversión", asegura el príncipe Guillermo, mientras que su hermano recuerda que "era una de las madres traviesas".

Aunque seguramente se ganó el título de princesa del pueblo porque, según el príncipe Guillermo, "comprendió que había una vida real fuera de las paredes de palacio".

La historia y el legado de Lady Di siguen muy presentes en la sociedad británica. El Príncipe Enrique tenía sólo 12 años cuando tuvo que caminar detrás del féretro de su madre por las calles de Londres. Desde entonces su vida, dice, se convirtió en un caos, era incapaz de expresar sus sentimientos y tuvo que buscar ayuda profesional: "Mi forma de lidiar con esto era meter la cabeza en la arena, negándome a pensar en mi madre... Porque pensaba, ¿en qué me puede ayudar? Solo me va a poner triste, no va a traerla de vuelta".

Han tenido que pasar 20 años para que se sientan listos para hablar de su madre en su faceta más íntima, más personal: "Por supuesto, como cualquier hijo diría, era la mejor madre del mundo". Dos décadas para superar el sentimiento de haberla defraudado.