Camino de Santiago

Relojes en la iglesia de Mañeru

Manuel Ríos

Por tierras de Navarra

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De Mañeru a Villatuerta

Manuel Ríos, 22 de mayo de 2015 a las 10:03

Mañeru

La carretera por que circulo bordea la pequeña población de Mañeru. Tengo la impresión de que esta sea una villa tranquila y de paso para el peregrino, salvo que necesite entrar a ella. La torre de la iglesia me lleva al templo, sólido, voluminoso, y con dos relojes situados próximos en el muro sur, uno mecánico y otro de sol. El caso es que cuando los primeros relojes mecánicos se instalan en las torres de iglesias y monasterios, en paralelo, si no existía, se trazaba un reloj de sol que sirviese para controlar la marcha del reloj mecánico.

Probablemente, algún vecino curioso haya hurgado ya en los viejos libros parroquiales o municipales a propósito de estas máquinas y haya corroborado la realidad histórica que acabo de esbozar.Reviso notas y aquí debería ver y fotografiar un crucero renacentista. Siempre me llama la atención un crucero fuera de Galicia, pero, ¡tan lejos! ¿Quién lo habrá levantado y por qué? Frente al atrio de la iglesia, un bar con dos o tres mesas en la calle y, en una de ellas, una particular pareja tumbada en sus sillas de modo poco decoroso, para expresarlo suavemente («despatarrada», tengo escrito en el cuaderno de notas). Saludo y pregunto por el crucero. Además de ignorar su existencia, me toman a broma.

A la salida del lugar, de nuevo en la carretera, a la izquierda, una fase de chalés a medio construir espera tiempos mejores, y a tiro de onda...

Cirauqui

Situado en lo alto, solitario a esta hora por la solana, y de calles empinadas. Según mis notas, el nombre equivale a «nido de víboras» en vascuence. Cuenta la tradición que dos ancianas dirimieron tiempo ha los límites de la villa con la anterior bebiendo un cántaro de vino de un solo trago.

Prosigo por el monte: pinos, una docena de olivos con varias ramas que se abren a ras de suelo y parcelas tapizadas de verde. Avanzo por entre picos y alcanzo...

Lorca

A la entrada de la villa, trigo todavía verde. Un peregrino toma un refrigerio protegido del calor por el ábside de su iglesia, ábside dotado de canecillos de formas irreconocibles por lo desgastados o sustituidos por otros planos. Algo más adelante, un abuelo sestea a la sombra. Casas nuevas y de muy buen porte conviven con otras cargadas de años. A la salida, a la izquierda, dos lagares metálicos convertidos en monumento, y no puedo evitar preguntarme por las cepas. Un poco más adelante...

Villatuerta

Se halla próxima a Estella y por el empaque de sus casas unifamiliares, modernas y vistosas, estimo que debe de ser una de sus villas dormitorio. Testimonia la importancia de Villatuerta para el Camino su puente medieval de dos ojos sobre el río Iranzu.


Puente medieval / Manuel Rios

Próximo al viejo puente, el centro de salud, y, a su lado, un pequeño parque en sombra a esta hora sirve de distracción a la gente menuda; en él, tres chicas y un chico atienden a la prole; son agradables, pero intuyo que la presencia de un supuesto y atípico peregrino en coche que se detiene no debe de generarles confianza, y me preguntan, y les respondo, y paso a la acción.

-¿Y san Veremundo?

-¡San Veremundo!

Arellano, un lugar del entorno, y Villatuerta mantuvieron históricamente un viejo contencioso porque ambas villas creían y querían ser la verdadera cuna de san Veremundo, al que me referiré en detalle algo más adelante. Después de quién sabe cuántas batallas, una mente lúcida aportó una solución que convenció a los vecinos de ambas poblaciones, lo que denota su inteligencia: custodiar de modo intermitente cada villa las cenizas de su paisano por espacio de cinco años.

-Y ahora, ¿dónde están?

Después de un instante de duda.

-Ahora, en Arellano, pero el quince de agosto vuelven aquí, a Villatuerta.

-¿Y el crucero?

-¿El crucero?

-Sí, un crucero especial, un crucero cuya vara está formada por gruesas galletas de piedra.

Dilucidan entre ellos y adoptan acuerdo: está a la salida, pero de modo nada claro para mí, pues debería acceder a él a través de una calle de dirección prohibida. Al final del lugar pregunto a dos niños que curiosean en torno a mi persona. Dos varones de mi generación, por fin, me dirigen con precisión. El crucero está situado al borde de una finca dedicada a labrantío, en un cruce de caminos, pero, en función de la conversación de los vecinos, deduzco que su ubicación no haya sido siempre esta. La imagen adjunta lo describe con precisión. Es el primero que veo con esa presencia y Castelao no menciona ninguno así en su conocido ensayo As cruces de pedra na Galiza. ¿Y si fuese un rollo? (Rollo: Columna de piedra, ordinariamente rematada por una cruz, que se situaba a la entrada de algunos lugares, indicaba jurisdicción y, en muchos casos, servía de picota; es decir que en ella eran sometidos a exposición los reos y las cabezas de los ajusticiados.)


Posible rollo / Manuel Rios

Imágenes editadas por Asier Ríos.
© de texto e imágenes Manuel Ríos.



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