Camino de Santiago

Por tierras de Navarra

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Torres del Río - Viana

Manuel Ríos, 02 de junio de 2015 a las 08:20

Torres del Río

Después de Los Arcos, me detengo en Sansol, acogedor, con edificios señoriales y blasones. Y a su vista, Torres del Río.

La primera impresión que me suscita Torres del Río es que me encuentro en una villa distinguida, agradable, acogedora, con encanto, lo que no es óbice para que sus calles sean estrechas y empinadas. La recorro con curiosidad, pero, lo que me tiene en ascuas es su iglesia románica, dedicada al Santo Sepulcro. Si fuese capaz de mirarla sin prejuicios, diría que me encuentro ante una construcción en forma de torre y con aspecto y destino defensivos, pero... Estoy ante una iglesia armoniosa y, además, singular, atípica, enigmática, de planta octogonal, ábside semicircular y una curiosa torre cuyo uso aparente sería acceder a la cubierta, lo que contribuye a sumirla en el misterio un poco más si cabe.


Iglesia del Santo Sepulcro. / Manuel Rios

Se creyó durante mucho tiempo que fuese creación templaria, paternidad puesta hoy en duda. En función de lo que leí en torno a ella, no puedo escribir más que conjeturas; un botón de muestra, la linterna (1): para unos, sería un faro que dirigiría a los peregrinos vivos y, para otros, encaminaría a los romeros difuntos, porque la misión del templo sería servir de cementerio. Existe coincidencia, no obstante, en valorar las soluciones arquitectónicas que aporta y la maestría de sus constructores. Confío en que la próxima ocasión en que la visite pueda deleitarme admirando su cúpula, sostenida por una formidable colección de nervios que se entrecruzan y que dan lugar a una curiosa filigrana; también, dos capiteles interiores, dos ménsulas particulares... y un Cristo crucificado, coronado y con cuatro clavos, dos y dos.

Frente a la iglesia del Santo Sepulcro, una gran cepa que cubre el frontal de una vivienda, por un lado; y, por el otro, el albergue. El alberguero y su ayudante son jóvenes, el primero con chapela, a pesar de la solana o tal vez por ella. Me acomodo en una mesa inmediata a un enchufe y, en primer lugar, vuelco al portátil y al pendrive el contenido de mis tarjetas fotográficas. Tomo un buen plato combinado a un precio razonable e ilustro la charla con el hospedero con un café.

-Tengo la sensación de que no hubiera muchos peregrinos.

-No creas, es un goteo, pero constante. Si te pusieras ahí fuera podrías contar cuatrocientos o quinientos diarios.

Llega una pareja de romeros gallegos que peregrinan a pie, reservan plaza para esta noche y piden un plato sustancioso que regarán con vino de la tierra.

-Yo estoy recuperando una bodega de mis abuelos que tiene más de cien años y dentro de poco elaboraré mi propio vino.

-Suena bien.

-Hay que ayudarse, un poco de un lado, otro poco del otro...

-La iglesia del Santo Sepulcro obliga al peregrino a realizar parada.

-Sí, no se le escapa a nadie. Cada uno trae su idea. Yo, tras esta barra, escucho de todo, las historias más curiosas e inverosímiles. Los templarios, ya se sabe, están de moda hace tiempo...

-Y la verdad de la verdad... Por cierto, el reloj de sol va clavado, señala las horarias.

-Sí, lo instalaron en la última restauración.

-Hace veinte años -añado yo.


Reloj de sol en la iglesia del Santo Sepulcro. / Manuel Rios

Se incorporan dos personas más al comedor y en un patio interior se desperezan otras cuatro. Falta todavía una eternidad para que abran el templo las personas encargadas y continúo viaje. Cuando voy a coger el automóvil, una vecina de mi generación pasea a la sombra en una pequeña acera; si fuese circular, escribiría que está haciendo una noria. Nos saludamos.

-Tiene usted un coche muy bonito.

-Gracias.

-Me gusta, y, ¿qué tal le va?, porque mi hija quiere comprarse uno nuevo; ¿de qué marca es?

Una peregrina treintañera, con aspecto cansado y que parece viajar sola, nos pregunta por un hostal concreto de la villa.

Viana

No tomé nota del número de kilómetros que separa Torres del Río de Viana. Para el peregrino de a pie, supongo que una caminata, sobre todo si tomo en consideración la subida; cuando el desplazamiento se realiza en automóvil, un suspiro. La parte moderna de Viana resulta anónima, idéntica a tantas otras villas. Según asciendo y me aproximo al área histórica, corroboro su diseño como baluarte defensivo. Tengo la convicción de que la vía por que circulo rodee la zona antigua, con lo que, cuando me parece, aparco, y lo hago sin agobio alguno.


Iglesia de Santa María. / Manuel Rios

No me cuesta alcanzar la iglesia de Santa María, y no me cuesta porque es el epicentro del área antigua; pero sustituiré el término iglesia por el de catedral, que, en función de sus dimensiones, es el que le corresponde. Ante la puerta que mira al oeste, un monumento al auroro. La portada, al sur, de fábula. Toda ella necesitada de una buena restauración, y cerrada a primera hora de la tarde.

Ante la portada, una lápida de mármol en el suelo recuerda a César Borgia, muerto aquí. ¡César Borgia! Un personaje de leyenda, un ser que vivió 32 años de vida azarosa, obispo de Pamplona a los dieciséis y cardenal antes de cumplir los veinte, sifilítico, admirado por Maquiavelo y su posible modelo de Príncipe; para el autor sería un ejemplo de hombre hábil, sagaz, sutil, ambicioso y especialista en el arte de alcanzar el poder y de mantenerlo.


Lápida recordatoria de César Borgia, frente a la iglesia. / Manuel Rios

Frente a la puerta oeste, la plaza de los Fueros, con un espléndido edificio porticado sede del ayuntamiento y un par de terrazas que acogen a varias personas a su sombra; supongo que, ya por deformación, no puedo evitar que la vista se me escape a sus pies: deduzco por su calzado que son peregrinos, como que el albergue se encuentra adosado a la iglesia y seguramente que recuperan fuerzas. En una semiesquina de la plaza, la oficina de información turística; su horario de atención es de nueve a dos, clara invitación a peregrinos, turistas y curiosos a que pasen de largo. ¿Se harán la competencia el poder político y el poder religioso en lo que se refiere al horario?

El reloj público se pone en marcha y funciona de modo semejante a como lo hace el de Estella: para dar las cuatro, una campana señala primero los cuatro cuartos de la hora anterior y, a continuación, otra hace sonar las cuatro campanadas identificativas de la hora, o, al menos, así creo interpretarlo.

Los alrededores de la iglesia catedral son medievales, de calles estrechas, balconadas, y edificios blasonados y trufados de negocios que, cuando procede, transforman la calle en terraza. Hermosas y grandiosas las ruinas de la iglesia de San Pedro. A media distancia, observo a una pareja de vianeses entrados en años que sacaron sendas sillas a la calle para tomar el fresco, son mi próximo objetivo: quiero preguntarles por la figura del auroro, nueva para mí.

-¡Buenas tardes! Tienen ustedes una villa preciosa.

-¡Ciudad, señor mío, ciudad!

Vaya sensibilidad, menuda ofensa. Gracias doy al cielo de que los abuelos no dispongan de garrota o me hubieran molido las costillas. A mi oído, el término pueblo presenta connotaciones poco sonoras, negativas, despectivas, ofensivas, y en el caso de poblaciones pequeñas o medias (4.022 habitantes censa Viana en 2012) empleo en su lugar el vocablo villa; pero resulta evidente que esta vez erré la elección. Tras esta diferencia y aun a pesar de ella, la pareja se esfuerza por hacerme entender la figura del auroro: en fechas señaladas salía muy pronto a cantar por la ciudad y se retiraba con la llegada de la aurora.

Notas

(1) Torrecilla que puede tener varias formas, más alta que ancha y con ventanas, que remata el cimborrio de las iglesias.

Imágenes editadas por Asier Ríos.
© de texto e imágenes Manuel Ríos.
depuentelareinaacompostela [arroba] gmail.com



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