Camino de Santiago

Por tierras de León

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Sahagún

Manuel Ríos, 16 de junio de 2015 a las 07:04

Iglesia de San Tirso.

Iglesia de San Tirso.

Manuel Ríos

Entro a tierras de León, la provincia con mayor número de kilómetros de Camino. Poco después, Sahagún. Aquí, se une al Camino Francés el Camino de Madrid. Si me dejo llevar por la leyenda tendría que escribir que su fundación se debe a Carlomagno, que libraría una importante batalla en las inmediaciones del río Cea, próximo; y la leyenda se transmutaría en milagro si creemos que las lanzas de sus paladines, clavadas en la tierra por la noche, amanecieron enraizadas y floridas, prodigio que se interpretó como el mejor presagio.

Accedo a Sahagún y recorro la villa. Aquí y allá están levantando talanqueras. Me dirijo a la zona que yo estimo histórica. Varias iglesias dejan constancia de la importancia de la población desde hace siglos. La de San Lorenzo se encuentra en proceso de rehabilitación. La de San Tirso lo fue recientemente. Dicen mis notas que este templo es arquetipo del arte mudéjar, el ejemplo más sobresaliente del románico en ladrillo facundino. Me llama la atención de modo especial la torre que lo remata, cuadrada, de sillares de piedra en sus primeros palmos y luego de ladrillo, dotada de ventanales geminados (partidos, divididos). Rodeo San Tirso admirando su fábrica y buscando un ángulo fotográfico representativo, pero los vehículos estacionados a su alrededor me lo dificultan, me lo imposibilitan. Cierto que las calles del entorno son estrechas y que los vehículos deben ser acomodados, pero, ¡qué pena que no se la destaque un poco, que no se le conceda más presencia! Decisión que no debe de resultar fácil de tomar para las autoridades locales; no obstante, estoy persuadido de que, de hacerlo, tras el arrebato vecinal de los primeros momentos, al poco, alabarían la medida.


Iglesia de San Tirso. / Manuel Rios

Algo más abajo, unas ruinas grandiosas, señeras, que hacen que a Sahagún se le conozca como el Cluny español. ¿Por qué? La historia conserva memoria de la existencia de un más que importante monasterio, el de san Facundo, gobernado por la Orden de Cluny (1), monasterio que fue algo así como el centro neurálgico de la institución para la península, su sede central aquí. Contó con gran número de obispos, tuteló cincuenta monasterios y prioratos, mantuvo un formidable hospital para peregrinos dotado de sesenta camas y dos mil fanegas de trigo con destino a los romeros..., lo que da idea de su poder; un poder emanado en buena medida de reales privilegios, como son el que los vecinos venían obligados a cocer su pan en el horno monacal, y no podían comprar vino a un tercero mientras los monjes no hubieran agotado el suyo. Pero, nada resulta eterno y esta multinacional religiosa anclada en el mundo feudal se estrelló con el burgo que había florecido alrededor del monasterio, tiñó de sangre la villa y acabó desmoronándose. ¡Increíble! Increíbles los vaivenes de la historia.


Torre del monasterio de San Facundo. / Manuel Rios

Capta mi atención esta torre grandiosa, con su reloj mecánico detenido en algún momento del tiempo. Bordeo el conjunto y observo un pequeño edificio en el solar del monasterio, que fue cuartel de la Guardia Civil y hoy pertenece al municipio, según leo en una placa. Y lindando con él, el arco de San Benito, barroco, precioso, que sustituyó a una puerta románica del perdido monasterio del santo homónimo.


Arco de San Benito / Manuel Rios

Mis notas están confusas, pero, seguro que esta pareja con aspecto distinguido que se acerca, me las ordena:

-Ustedes perdonen... Estas, ¿son las ruinas de San Facundo, de San Benito...? ¡Pena de plaquita informativa!

-Tiene una detrás del arco. En realidad, son las ruinas de ambos. Primero fue monasterio benedictino y hacia finales del siglo XI adoptó la reforma cluniacense. Hoy, lo que usted ve, el reflejo del tiempo ya pasado.

Hilamos la hebra un rato interviniendo el varón, expectante la señora, y no puedo evitar expresarles mi sorpresa por la distinta actitud que observo en los templos navarros respecto de los demás en lo que se refiere a su exposición a peregrinos y visitantes, y me responde:

-Amigo mío, ¡esto es Castilla!

Notas
(1) A comienzos del siglo X surge dentro de la Iglesia la necesidad de reformar la vida monástica, cuya disciplina resultaba escasa, casi inexistente. En este anhelo, la abadía de Cluny, con tan solo una docena de monjes, capitaneará el proceso a partir de la regla establecida por Benito de Nursia para los benedictinos. Y así inicia la regeneración de las costumbres a través de las Consuetudines, la reforma de lo benedictino, lo que supone la adscripción de los monasterios que desean reformarse, en régimen feudal de auténtico sometimiento a Cluny, la cabeza del emporio. Y lo hará tan bien que, a principios del siglo XII, la orden agrupa casi dos mil establecimientos en la Europa de la época, y capitanea unos diez mil monjes. En lo que se refiere al Camino, fijan la peregrinación a Compostela a través del llamado Camino Francés; levantan prioratos, hospederías, hospitales; reparan caminos, construyen puentes, atesoran privilegios... hasta transformarse en una auténtica multinacional del turismo a Compostela. Los monasterios importantes de Cluny pueden ser calificados de autosuficientes: poseían desde biblioteca, botica y hospital hasta granero y molino, pasando por claustro y cementerio. Y con tanto intelectual pensando, idean y ponen en marcha la iconografía moralizadora, que, además de los misterios cristianos, plasmará en la piedra sagrada el premio que implica la virtud y el castigo que conlleva el pecado, de extraordinaria influencia en la sociedad analfabeta de la época.

Imágenes editadas por Asier Ríos.
© de texto e imágenes Manuel Ríos.
depuentelareinaacompostela [arroba] gmail.com



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