Camino de Santiago

Colexiata de Santa María a Real do Sar.

Manuel Ríos

Por tierras de A Coruña

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Santiago de Compostela (parte III)

Manuel Ríos, 01 de julio de 2015 a las 08:09

Compostela, ciudad pujante y asaltada. La defensa

Pero, entre la primitiva y modesta ermita de Teodomiro y la esplendidez de la actual catedral, fueron muchos los avatares vividos por nuestros antepasados en estas tierras. Se levanta una nueva iglesia tan solo sesenta años después de la primera. Compostela se hace una ciudad cosmopolita a la que acuden personas de toda condición y de todo el mundo conocido; una ciudad rica, pujante, envidiada, deseada, acosada, asaltada, y a la que se cobró rescate. En varias ocasiones, hordas de más de cien navíos vikingos y miles de hombres permanecen en la ría de Arosa sembrando el terror mientras esperan el momento propicio para atacarla; y, en razón a estos fundados temores, igual que el mar se refugia en la ría, fue trasladada la sede episcopal desde Iria Flavia a Compostela en el año 899. Y los vikingos invaden la urbe provocando el caos y dejando nada más que destrucción a su paso. Pero no solo los normandos pusieron los ojos en Compostela. Almanzor, Victorioso de Alá, el Anticristo, arrasó la ciudad en el 997 (1) y, tal vez como trofeo, acaso furioso por no encontrar resistencia, huidos atemorizados sus moradores, trasladó las campanas de la catedral a la Mezquita de Córdoba a hombros de cristianos (¡Qué curioso! Para los cristianos, los árabes eran infieles; y, al revés, para los árabes, eran infieles los cristianos. Y una vez más, las vueltas y revueltas de la vida: tan solo cinco años después del episodio compostelano, la batalla de Calatañazor acabará con la vida del emir. Y más: Fernando III, conquistada Córdoba, devuelve las campanas a la ciudad, esta vez a hombros de los otros infieles). Y Compostela debió ser reconstruida, y lo fue supeditando su diseño a las necesidades de la peregrinación, del culto, de las procesiones...; y fue amurallada, con siete puertas, una ciudadela fortificada, y para defenderla de tanto peligro, el ingenio de los gallegos de la época, bajo la batuta de Gelmírez, los llevó a reconstruir el romano Castellum Honesti, las actuales Torres del Oeste o Torres de Catoira, próximas a Iria Flavia, la más importante fortaleza de la Galicia de la época, con la idea de impedir el ascenso por el Ulla hacia Padrón, camino de Compostela, de las escuadras invasoras. Siete torres daban consistencia a un imponente recinto amurallado. Una gruesa cadena tendida de uno a otro lado del río estaba llamada a detener a los atacantes. Pero, era tal el acoso sufrido por la ciudad del Apóstol y tal la inseguridad, que el obispo Gelmírez concibe la idea de rechazar los ataques de aquellos piratas en pleno mar. Y así, además de contratar naves genovesas para defender Compostela de la rapiña de los piratas, en los astilleros de O Freixo, al lado de Noia, construye tres barcos destinados a luchar con los corsarios. Aquellas naves de guerra pasan a la historia como los primeros buques de nuestra Armada. Tal vez sin ser consciente, Gelmírez funda e inaugura la Armada española, y, por ello, Cela le atribuye el título de almirante. Y Compostela, con el Camino en plena pujanza, se convierte en la ciudad más próspera del reino y, tácita o expresamente, como ya consigné, disputa a Toledo su histórico baldón de sacralidad.

Tras estas pinceladas en torno al devenir de Compostela, estaciono el automóvil en el aparcamiento anexo a la estación de Renfe. A la salida, coincido con un caballero de mi generación, José Luis C., y le pregunto por el camino más corto para visitar la colegiata de Santa María, y me completa:

-Colexiata de Santa María a Real do Sar.

Cambiamos impresiones un rato en torno al Camino y a Compostela. Por pudor, opto por no reproducir sus elogios. ¡Con qué sencillez y sentido de la realidad halaga a peregrinos y visitantes y destaca su influencia en el devenir de la ciudad! Tomo la ruta que me indicó y, poco después, mientras yo navego en mi mundo, una ciudadana me advierte de que me llama el conductor de aquel coche, y me lo señala. Es José Luis, que ha tomado el automóvil y, de camino, se ofrece a desviarse para dejarme en la colexiata. Fenomenal que todavía existen personas así. Desde el papel, de nuevo, mi gratitud y mi consideración.

La colexiata de Santa María a Real do Sar se halla cerrada, pero, sin embargo, abierto el acceso al museo y al claustro previo pago. ¡No se libra ni Compostela!

¿Qué me trae al templo? Su singularidad, una singularidad derivada de algún inconveniente técnico, tal vez terreno blando el de su asentamiento, acaso deficiente cimentación... Por la razón que fuese (leo que los viejos pacientes del no lejano psiquiátrico disponían cada cual de su propia teoría), columnas y muros comenzaron a desviarse peligrosamente amenazando con reposar en el suelo. Así que, para salvar Santa María, fue necesario apuntalar la amenazante bóveda y levantar unos gigantescos arbotantes llamados a encorsetarla por toda la eternidad.


Compostela hoy, en día de lluvia. / Manuel Rios

Notas
(1) Almanzor dio sus primeros pasos en la administración cordobesa como administrativo, pero la protección de la favorita del califa, su ambición, su capacidad y su buena letra dieron muchos quebraderos de cabeza a los cristianos del momento a través de las cincuenta expediciones que dirigió contra ellos.

Imágenes editadas por Asier Ríos.
© de texto e imágenes Manuel Ríos.
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depuentelareinaacompostela [arroba] gmail.com



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