Carlos Alonso

La mentira está a la orden del día

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Estamos viviendo una profunda crisis de lo auténtico

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Engañar para seducir. Mejor dicho: engañar para engañar

Carlos Alonso, 21 de enero de 2016 a las 08:25

Estamos viviendo una profunda crisis de lo auténtico. Nada es lo que parece y en liderazgo no podría ser de otra manera: votas a unos para que se acaben juntando con los que son y significan todo lo contrario. Ahí va mi teoría del engaño...

Abraham Lincoln ganó su campaña electoral de 1860 con una publicidad en la que no aparecía con la tradicional barba con la que le conocemos. La culpable fue una niña de doce años que se llamaba, Grace Bedell, que le escribió que una carta diciéndole que sin ella mejoraría su apariencia. Lincoln le hizo caso y ganó, pero en la toma de posesión, pocas semanas después, se la volvió a dejar crecer. La barba, claro.

Como observador que soy del liderazgo en todas sus vertientes, cuando nos fijamos en el liderazgo político vemos que esta mera anécdota sobre la transformación en la imagen se sigue aplicando hoy en día. Aún recuerdo las campañas del megracrak de las herencias, Jordi Pujol, en las que todas sus vallas publicitarias las protagonizaba una foto de casi cuando hizo la primera comunión. Y lo cierto es que no le fue mal la estrategia.

Sea como sea, cuando alquien se presenta de una forma que no es la habitual, estamos frente a una tipología de disfraz. Y este comportamiento es en esencia un engaño, menor, pero un engaño. Pero nuestros políticos no se quedan ahí. No solo hacen estos pequeños transformismos en lo que a la imagen se refiere, nos engañan en lo esencial, puesto que acaban pactando con fuerzas políticas que no tienen nada que ver con ellos y cuyas coincidencias respecto de sus programas electorales son bastante mínimas. Vaya, que con todo ello, un ciudadano que en Cataluña votase a la derecha de Junts pel Sí, se ha encontrado que su voto comparte diván con los de la Cup, los anarquistas. Ole tus h...!!!

Con este panorama y tragando como tragamos, el parque político está encantado porque hagan lo hagan, siempre les votará alguien. Vaya chollo !!!

De este modo, os confieso que sigo echando de menos que los políticos sean políticos de verdad, que los tomates sean tomates, que sea invierno cuando toca ser invierno... porque al final corremos el riesgo de sucumbir en una falta de autenticidad en todo y de convertirnos en unos seductores de chichinabo para engañar al personal, ¿no creéis?


Carlos Alonso
Escritor y conferenciante
www.carlosalonso.info



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