Carlos Alonso

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Estamos como anestesiados, resignándonos a aceptar cosas que no son normales

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Nene/nena: ¡ te han metido un gol por la escuadra!

Carlos Alonso, 16 de marzo de 2016 a las 20:11

Tan listos que nos creemos y en el 2002, con la llegada del euro, nos metieron un antológico gol por la escuadra. Aquella medida que nos ayudó a conectar con nuestros vecinos europeos sigue pesando en nuestras economías.

Y es que en cierto modo estamos como anestesiados, resignándonos a aceptar cosas que no son normales, cosas que llevan una trampa incorporada. Hoy toca hablar de la pasta !!!

Hace ya más de catorce años que entró en circulación el euro en nuestro país. Son ya 19 de los 28 estados de la Unión Europea y 337 millones de personas los que la utilizan como moneda corriente.

Además, cuatro microestados europeos tienen acuerdos con la UE para el uso del euro como moneda: Andorra, Ciudad del Vaticano, Mónaco y San Marino. Y, por otra parte, el euro ha sido adoptado de manera unilateral por Montenegro y Kosovo. Por tanto, estamos hablando de algo ya muy consolidado.

Pero a pesar de que tan solo sean algunos de nuestros mayores los que convierten a pesetas cada transacción que realizan, seguimos pagando las consecuencias de aquel cambio que solo pensábamos nos iba a dificultar la forma de calcular lo que íbamos a adquirir.

Y es que recuerdo perfectamente cómo de un día para otro, el café de las mañanas pasó de valer 80 pesetas (0,48 céntimos de euro al cambio) a 1 euro. Prácticamente la misma evolución que sufrieron los diarios, el litro de gasolina y muchas otras cosas.

Y a pesar de que no soy una persona que suela pensar en el pasado, qué duda cabe que con esta decisión nos metieron un antológico gol por la escuadra. Era interesante tener una moneda única, era interesante no perder aquel tren europeo, pero lo que no nos explicaron bien era el impacto en la empresas, en las economías familiares... de aquella decisión tan impecable en su estética.

Transcurrido todo este tiempo, sigo pensando que esa búsqueda de la paridad con nuestros vecinos tuvo un coste muy fuerte para nosotros. Nuestros sueldos no eran similares a los suyos mientras los costes se disparaban y el impacto tuvo que ser necesariamente mayor.

Y fruto de la llegada del euro, empezamos a ir a las gasolineras sin prestar atención al coste del combustible, porque este cambiaba cada semana. En este sentido, incluso los 1,51 euros que llegó a costar el litro de la gasolina de 95 octanos en 2012, ahora nos dicen que son entorno a un euro.

¡Qué cracks! Pero no os preocupéis, que se trata de un tema de la oferta y demanda, que es la respuesta perfecta para quedarte con cara de gilipollas y encajar el golpe con gallardía.

Me gusta casi todo de los nuevos tiempos, pero con lo del euro sigo sin tragar. Y tampoco trago mucho con lo de los Wasaps, porque me parece un coñazo supino lo de dedicar tantas horas a contestar a todo el mundo, a quedar bien con todo el mundo y estar hiper-comunicado, máxime cuando nuestros chavales están olvidándose de escribir bien con el invento en cuestión, o cuando el personal te falta el respeto en tu presencia atendiendo a no sé qué mensaje llegado del cielo.

Este artículo se lo dedico a todos aquellos que no tragan con estas cuestiones y a todas las voces insonoras que en todo ello también piensan lo mismo. Por cierto, que me parece somos unos cuantos, ¿no creéis?

Carlos Alonso
Escritor y conferenciante



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