Cataluña
Quim Torra. PD

Dosis de victimismo por arrobas en la sesión de investidura de Quim Torra como presidente de la Generalitat de Cataluña.

El 12 de mayo de 2018, a media mañana, arrancó el pleno en el que se investirá al candidato de Juntos por Cataluña, salvo sorpresa, en segunda votación, prevista el 14 de mayo de 2018.

Torra no sorprendió y almibaró su discurso de aspirante a presidente de grandes cucharadas de reproches contra el Estado. El inicio ya fue toda una declaración de intenciones:

Yo hoy no tendría que estar aquí, tendría que ser Carles Puigdemont quien se dirigiese a esta Cámara, acompañado por los presos políticos y exiliados. Sirvan mis primeras palabras para un recuerdo emocionado para aquellos que son unos rehenes de la justicia. Nunca nos cansaremos de luchar por su libertad.

Algunos quieren hacernos creer que vivimos en un país normal, pero no, al contrario. Nos encontramos en un momento político que es anormal. Si me permiten una referencia personal, quiero decirles que nadie está tan dolido como yo por haber llegado a esta investidura.

Creo que es relevante ver hasta qué punto se han vulnerado los derechos de nuestros colegas diputados. En primer lugar, la del president Carles Puigdemont, en segundo lugar, la de Jordi Sànchez, después, la de Jordi Turull. ¿Alguien puede imaginarse en Europa que la persona que se somete a una investidura pueda ir a la prisión? Pues esto ha pasado en Cataluña. Y finalmente, el nuevo intento de la investidura de Jordi Sànchez, en virtud de la resolución de las Naciones Unidas, que tampoco afectó al juez Llarena.

Asegura que:

Contra esta realidad, el Estado ha movilizado todos los recursos, imaginables e inimaginables. No hay respeto por los ciudadanos catalanes ni por su voluntad.

Y ojo al dato que suelta como si dependiera de medio millón de cartas que un acto ilegal pase a ser legal:

¿Saben cuántas cartas se han enviado a los presos en la cárcel y exiliados estos meses? Medio millón de cartas. Lo hacía público un diputado hace poco. Las cifras estratosféricas revelan hasta qué punto nos encontramos ante un reto que nos afecta a todos. La crisis en Cataluña es también una crisis humanitaria y que hay que pasar de la represión a la vida. No saldremos de esta si no ponemos de manifiesto que la crisis política en Cataluña es una crisis humanitaria. Tenemos que dar una respuesta política sincera y unitaria que afirme, por encima de todo, el respeto por el otro. Estamos dispuestos a hacer lo que haga falta para que en este país se hable de vida.