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Niña Pixabay
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Aunque la crisis esté dando sus últimos coletazos, o eso parece, gran parte de la población se encuentra todavía en riesgo de exclusión. Un ejemplo claro son los niños, los más vulnerables. La ONG Música por la Paz pone el foco sobre ellos, actuando a través de centros repartidos por todo el país.

La recesión económica ha golpeado a muchas familias desde su estallido en 2008. Familias que hasta entonces habían podido vivir con cierta comodidad, han comenzado a hacer encaje de bolillos para llegar a fin de mes por la pérdida de muchos puestos de empleo, sobre todo en sectores clave como la construcción. Han tenido que vivir, sobrevivir, y, en muchos casos, malvivir, con ingresos muy reducidos. Y los más perjudicados, como siempre en estos casos, han sido los niños, a los que no se les puede trasladar, bajo ningún concepto, las preocupaciones que son propias de adultos, aunque a veces resulte inevitable, porque perciben la realidad de su entorno y se dan cuenta del sufrimiento de los padres mucho más de lo que, a veces, manifiestan.

Un soplo de aire fresco es lo que trae consigo Música por la Paz. Empezaron impartiendo talleres de música en un centro de Sevilla y, poco a poco, fueron expandiéndose por todo el país, teniendo sedes en ciudades como Valencia, Barcelona, Vigo o Cáceres.

El concepto es una especie de ludoteca, o biblioteca, o centro de actividades, si se quiere. En estas aulas, a las que los niños y niñas acuden por las tardes, se hacen los deberes del colegio. La organización tiene a profesores titulados que les ayudan con las tareas, desde matemáticas y lengua, hasta inglés.

Es un ambiente multicultural. Hay niños procedentes de todos los lugares del mundo, un reflejo de la sociedad actual, en el que la convivencia, el aprendizaje, el respeto y la tolerancia imperan por encima de todo.

En estos centros no sólo se ocupan de los deberes, también se hacen actividades y juegos a través de los cuales se potencian las emociones, la creatividad y la comunicación, porque si hay algo importante y necesario actualmente, es saber comunicar, escuchar activamente, el primer paso para entenderse en una sociedad que está en continua cambio.

Música por la Paz no quiso dar la espalda a un problema tan importante como es la pobreza infantil. Pero no todos los niños y niñas que acuden a sus centros están en riesgo de exclusión. También los hay que van cada tarde porque sus padres están en el trabajo y no tienen suficientes recursos para pagar a nadie que se haga cargo de ellos. En este sentido, se puede abrir también una reflexión sobre la conciliación y los mecanismos sociales que entran en juego en ella y que hace que no funcione realmente.

La labor que hace esta ONG en muchos barrios populares del país es excelente. Es un desahogo para muchas familias, es una alternativa para muchos padres y madres y es una diversión también para los más pequeños, porque los monitores se dedican a enseñar a través de juegos y talleres prácticos, porque no hay que olvidarse de que, a pesar de la difícil situación que puedan llegar a atravesar las familias, los niños y niñas, durante la infancia, sólo tienen que tener una misión: disfrutar y ser felices.