Ciencia
El obispo de Solsona, Xavier Novell. IG
¡Cobardes! Los curas piden diálogo con los golpistas y se rinden a los que les gritan 'arderéis como en el 36'

Su misión teórica es ayudarnos a ganar el cielo, pero a muchos españoles los están empujando al infireno o al purgatorio, por lo que están maldiciendo por su culpa.

Nos referimos a los curas y obispos, cuya postura frente al ilegal desafío separatista en cataluña deja bastante que desear o es simplemente afrentoso.

Tiene la Iglesia catolica antecedentes en ofender a la ciudadanía española y uno no muy lejano fue el vergonzoso comportamiento de obispos como Setién y cientos de sacerdotes vascos cuando sus 'amigos' de ETA asesinaban inocentes a mansalva.

Esto, con la enorme diferencia de que no hay sangre por medio, no es muy diferente (¡Cobardes! Los curas piden diálogo con los golpistas y se rinden a los que les gritan 'arderéis como en el 36').

La grave crisis que ha provocado el referéndum independentista del 1-O terminará afectando a la Iglesia, que se ha hecho notar en el conflicto y no de forma muy lucida, para su desgracia y la d elos creyentes.

La religión se ha mezclado con la consulta secesionista en los últimos tiempos, tanto que desde algunos púlpitos se ha hecho campaña a favor del 'sí'. Ejemplos no han faltado, como cuando el párroco de Santa Coloma de Farners (Gerona) colgaba en su campanario una pancarta a favor de la consulta (Cuatrocientos curas catalanes piden al Papa que inste al Gobierno a "recapacitar su visceral oposición" al 1-O).

O cuando 300 curas y diáconos de 10 diócesis catalanas emitieron un comunicado a favor de escuchar "las legítimas aspiraciones del pueblo catalán".

Uno de los puntos más polémicos de estos pronunciamientos llegaba el 24 de septiembre, cuando el monje Sergi d'Assís defendía el 1-O en la homilía de la misa pública del monasterio de Montserrat rechazando la "represión" del Estado.

D'Assís aseguró en su discurso que el derecho de reunión y de expresión estaban amenazados y, en algunos casos, vulnerados por la actuación del Estado contra el referéndum.

"Se prohíbe un derecho tan sencillo como el de ser consultados. Con la que está cayendo no se puede mirar hacia otro lado", aseguró en una aplaudida intervención desde su púlpito.

Pero las opiniones no llegaron solo desde Cataluña. Tres días más tarde, el 27 de septiembre, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española hacía público un comunicado en el que emplazaba a un diálogo generoso y honesto y avisaba al Gobierno de Rajoy:

"sobre las actuaciones irreversibles y de graves consecuencias en contra de los derechos de los pueblos y al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica".

La declaración institucional, aprobada por la unanimidad de los 24 obispos que forman parte de la Comisión Permanente, de los cuales tres son catalanes, no sentó bien en el PP, que por boca de Javier Maroto, su Vicesecretario Nacional de Política Social y Sectorial, conminaba a la Iglesia a dejar la "política a los políticos".

"Creo que la Iglesia siempre acierta cuando se mantiene en posiciones que pertenecen a la moral y a la ética y deja la política para los políticos. Creo que esa es la posición que siempre ha llevado a la Iglesias a acertar".

Con el 1-O ya celebrado, ciertos sectores de la Iglesia han seguido manifestando su apoyo a la causa. Esa misma noche el cura de Vila-Rodona, en el Alto Campo de Tarragona, celebraba una misa falsa para encubrir el recuento de votos de la consulta y evitar que las fuerzas de seguridad requisasen las urnas.

Todo fue una estratagema para evitar que la Policía descubriese las urnas como ya había hecho en un pueblo cercano, tal y como reconocía el propio sacerdote.

Horas más tarde, el obispo de Solsona (Lérida) se manifestaba y llamaba "guerrilleros" a los policías y guardias civiles desplegados en Cataluña por la consulta.

El cura organiza el ilegal referéndum del 1-O durante la misa en su iglesia de Tarragona