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Niños usados por los piquetes en Cataluña TW
Esa ideología excluyente, xenófoba y totalitaria que encuentra en los niños una manera fácil de germinar

Ciudadanos llevó este 21 de noviuembre de 2017 al Congreso la polémica del adoctrinamiento independentista en las aula catalanas y su propuesta de crear una Alta Inspección Educativa que detecte e impida la manipulación educativa en las aulas.

Y el debate de esta iniciativa, defendida por el propio Albert Rivera, derivó en una sonada bronca del presidente de la formación naranja al PSOE por su dependencia del PSC de Miquel Iceta.

Todo cuando Rivera se ha preguntado en voz alta por el hecho de que ningún gobierno, ni la UCD, ni el PSOE ni el PP, hayan legislado para crear esa figura, que existe en la mayoría de los países europeos.

"El nacionalismo tenía a un objetivo: convertir la educación en lugar donde trabajar por la destrucción y la liquidación de España".

Y, mirando a la bancada socialista, enfatizó:

"Yo no tengo la culpa de que ustedes tengan un pacto con un partido nacionalista. no tenemos la culpa el resto de españoles de que el PSOE haya entregado la política de estado al PSC. Y por eso tenemos el derecho y la obligación de desarrollar la Constitución".

"Hoy nos jugamos con esta proposición la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la libertad frente a los que quieren imponer su opinión a cualquier precio".

Rivera exhibió diversas pruebas de manipulación secesionista y preguntó al PSOE: ¿Qué se debe impartir en las escuelas catalanas, lo que diga el señor Puigdemont o lo que diga la Constitución?.

Y, tras ello, abroncó al PSOE de nuevo por ponerse enfrente de la Carta Magna con su posición sobre este asunto.

Sin embargo, la portavoz de Educacion del PSOE, Luz Martínez Seijoo, eludió el debate de fondo de la iniciativa y acusó a a Ciudadanos de llevar a la Cámara una propuesta "dañina" para "el sistema competencial español".

Seijoo fue más allá y se decolgó calificando a Rivera de oportunista por "levantar sospechas sobre todo el sistema educativo español por casos aislados".

"Ha traído un bodrio de ley que no respeta ni competencias de estado y de CCAA. Es lamentable y vergonzoso el uso que hacen de la educación por un puñado de votos".

El Congreso no apoyará este jueves la razonabilísima propuesta de Ciudadanos de impedir, de manera contundente, el adoctrinamiento nacionalista en la escuela pública.

Y no lo hará porque el PSOE se va a oponer, sumándose al veto ya anunciado por Podemos y las formaciones más próximas o inmersas en el independentismo.

Resulta indignante que ese veneno se haya esparcido con tanta impunidad durante casi 40 años, con el Estado mirando hacia otro lado mientras gobiernos autonómicos malversaban sus competencias haciendo de la educación, una herramienta para construir ciudadanía y concordia, en una trinchera ideológica.

Y es escandaloso que, cuando un partido lo quiere subsanar al fin, con un respaldo plausible pero poco enérgico del Gobierno; el PSOE se oponga por razones tácticas o de cualquier laya, en todo caso inadmisibles: de Podemos poco se podía esperar, teniendo en cuenta su contumaz costumbre de incluir en el capítulo de la 'pluralidad' cualquier exceso cantonalista; pero de los socialistas cabía esperar otra cosa.

Porque el adoctrinamiento existe y explica por qué en una España democrática y descentralizada, que reconoce, defiende y promociona las identidades culturales y lingüísticas como una riqueza colectiva indiciaria de la propia identidad española; ha proliferado tanto el tumor del soberanismo.

Esa ideología excluyente, xenófoba y totalitaria que encuentra en los niños una manera fácil de germinar.

Atacar ese problema no debería ser una opción, sino una obligación constitucional, política y casi moral frente a la cual no caben excusas ni coartadas. Porque lo mismo que se ha hecho en Cataluña y se hizo en el País Vasco, puede estar en marcha en Valencia, Baleares o Navarra; tres comunidades gestionadas con una visión perniciosa de su lengua y cultura: en ellas, lo que debería ser observado como un puente, se gestiona como una trinchera.

El PSOE de Pedro Sánchez tiene que rectificar y mantenerse en la sensatez que le llevó a respaldar el 155. Por mucho que el PSC de Iceta tenga temor a las repercusiones electorales el próximo 21D, debería tener más miedo a la extesión de una epidemia funesta que altera la convivencia y pervierte el sentido de la educación como plataforma de ciudadanos libres, reflexivos y con valores.

Justo lo contrario de lo que la Generalitat lleva lustros intentando crear: meros feligreses de una causa sin futuro. Si no somos capaces de librar a la infancia de ese contagio, estaremos fallándoles a ellos y al porvenir democrático del conjunto de España.

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