Ciencia
Un policía portugués camina entre coches quemados. IC

Quedarse en casa viendo cómo el fuego se acercaba era condenarse a morir, pero la huida tampoco salvó la vida de la mitad de los 61 muertos confirmados hasta el momento en el incendio del sábado 17 de junio en Portugal.

Quizá tomaron la decisión demasiado tarde, aunque la dirección del viento, que cambiaba drásticamente el sábado por la tarde, no jugó nunca a favor.

Al ver cómo las llamas se iban acercando más y más a sus casas, familias enteras decidieron meterse en el coche y salir a toda velocidad por la Nacional 236, una carretera estrecha, entre desfiladeros y curvas cerradas que escondía en sus recodos violentas llamaradas de fuego.

Al menos 30 personas murieron en la carretera.

Como subraya Javier Martín en 'El País' este 19 de junio de 2017, ante la desesperación por encontrar una salida al infierno, se metieron de lleno en una ratonera.

Las autoridades portuguesas han encontrado este domingo al menos una docena de vehículos calcinados y varios motoristas carbonizados entre la carretera de Figueiró dos Vinhos y Castanheira de Pera.

Los forenses han comenzado a identificar a las primeras víctimas y han encontrado un patrón muy claro: coches carbonizados, atrapados en el asfalto y con familias en su interior.