Ciencia
El CO2 es un gas de efecto invernadero clave que lleva al cambio climático. PD

Una tecnología desarrollada para almacenar emisiones de dióxido de carbono en las profundidades de la tierra probablemente sea efectiva durante miles de años.

Investigadores de las Universidades de Aberdeen y Edimburgo, evaluaron el método, en el que se inyecta el CO2 licuado en los poros microscópicos de las rocas, compilando una base de datos mundial utilizando información de acumulaciones de gas naturales y de la industria.

El estudio, en el que participaron instituciones asociadas de Scottish Carbon Capture & Storage, incluyó detalles obtenidos de ingeniería sobre almacenamiento de gas, décadas de inyección en pozos y experimentos de laboratorio.

Se usaron simulaciones por computadora para combinar todos estos factores y modelar el almacenamiento de dióxido de carbono a 10.000 años en el futuro.

Investigaciones anteriores en esta área no habían explicado por completo la captura natural de burbujas microscópicas de dióxido de carbono en la roca, ni la disolución del dióxido de carbono en agua salada presente en la roca.

El Acuerdo de París de las Naciones Unidas ha comprometido al mundo a limitar el calentamiento climático muy por debajo de 2ºC en comparación con los niveles preindustriales.

Esto requiere grandes reducciones en la cantidad de dióxido de carbono liberado a la atmósfera por la industria, la generación de electricidad, la calefacción y el transporte. La captura de estas emisiones y la garantía de que el dióxido de carbono puede atraparse de forma segura bajo tierra podría desempeñar un papel clave en la protección de la atmósfera, señala la Universida de Edimburgo en un comunicado.

El estudio fue publicado en Nature Communications.

"Nuestras simulaciones por computadora, basadas en buenas prácticas regulatorias como las que se utilizan actualmente en el Mar del Norte, retuvieron más del 90 por ciento del dióxido de carbono inyectado después de 10.000 años, en el 95 por ciento de los casos", declaró Stephanie Flude, de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Edimburgo.