Ciencia

Si los humanos podemos superpoblar ciudades desorganizadamente y convivir con millones en estrechas áreas urbanas, las hormigas también hacen lo propio, aunque mejor: pueden llegar a formar supercolonias en las que a lo largo de decenas de miles de kilómetros de área y túneles, cientos de millones de ejemplares se dedican a las labores de obreros o reinas en una aparente sincronía social perfecta. Hoy, gracias a un estudio de la Universidad Rockefeller (EE.UU.) publicado esta semana en la revista Cell, sabemos cuán preponderante en este mecanismo de convivencia es la capacidad para percibir las feromonas del otro, la misma que contiene la piedra angular de la comunicación en estas sociedades subterráneas.

Para explorar este terreno, los investigadores crearon las primeras hormigas modificadas genéticamente, alterando un gen dedicado a detectar las feromonas de las otras hormigas utilizan para comunicarse, según recoge Hans Huerto en N+1.--Estas hormigas mutantes evidencian cuál es la clave de su convivencia saludable--.

Los hidrocarburos, la clase más importante de feromonas entre hormigas, dejan saber a los insectos la especie, colonia e identidad de casta, así como el estado reproductivo, de quienes se cruzan en su camino. Esta información es percibida a través de pelos sensibles porosos en las antenas de las hormigas que advierten de la presencia de ciertas sustancias químicas -y de ello informan al cerebro- gracias a la presencia de ciertas proteínas.

El trabajo dirigido por el estudiante de posgrado Sean McKenzie ha demostrado que un grupo de genes, conocidos como ORs ("odour receptors" o recpetores de olores en castellano) alfa de 9 exones, son responsables de la detección de hidrocarburos en la especie clonal de la hormiga Ooceraea biroi.