Ciencia
Un nuevo estudio de The Happiness Research Institute ha concluido que en solo una semana, las personas que dejan de utilizar Facebook se sienten más felices y menos preocupadas

El contacto continuo con perfectas vidas ajenas es quizá uno de los cambios fundamentales que las redes sociales han generado. No es objeto de este artículo analizar los beneficios inherentes a las mismas -desde la mejora de las comunicaciones al aumento de la felicidad que dicho progreso conlleva-, sino adentrarnos en la cara oscura, en ese malestar que el 90% de los usuarios de Facebook e Instagram experiementan tras haber pasado horas y horas sumergidos en un mar de fotografías ensoñadoras, con el encuadre adecuado, el filtro definitivo, el momento mágico.

Durante los primeros segundos, puede que esa "felicidad" distante e irreal sea contagiosa pero, ¿qué sucede después? Justo cuando el usuario cierra el portátil o aparta su móvil y se queda solo. ¿Cómo es posible conciliar la exposición a una realidad perfecta, en la que se supone que viven los demás, con nuestras vidas imperfectas?, según publica María Mérida en Vogue.

Las conclusiones coinciden con las opiniones vertidas por varios expertos que afirman que el contacto con esas vidas irreales que se muestran en las redes sociales -el 60% de los usuarios sólo publica cosas buenas- provoca un aumento significativo de la envidia, ya que todo el mundo piensa que es imperfecto en comparación con la versión que los demás difunden de sí mismos en estos portales.

Los expertos de The Happiness Research Institute afirman que las redes sociales "son como un canal en el que sólo salen buenas noticias, un flujo constante de vidas editadas que distorsionan nuestra imagen de la realidad". De esta manera, la felicidad de los usuarios está condicionada por la opinión de los demás y el número de likes que conquistan.

Galería de imágenes: