Viñeta de Jose Manuel Esteban
¿Se imaginan un ministro o un presidente del Gobierno al que se le vea verdaderamente afectado por el incremento del paro"
Nunca olvidaré la imagen del Rey, Zapatero, Gallardón y Esperanza Aguirre entrando en aquella sala del Bella Center en Copenhague como un bloque invulnerable. Admiración y respeto despertó nuestro país en ese lugar del mundo en el que, durante un momento, los ojos del mundo entero no se perdían un solo detalle.
Los días previos el optimismo y la unidad eran incluso desconcertantes. Zapatero reconociendo que "como ustedes saben yo me muevo en la banda ancha del optimismo" y, a su lado, Aguirre y Gallarón defendiendo un objetivo que creían honesto y beneficioso para todos.
Es cierto que tras la derrota las voces contra el proyecto, contra lo que ha costado (y probablemente costará) no han podido reprimirse ni 24 horas. Y nos les falta razón (probablemente). Pero no es menos cierto que aquel 2 de octubre de 2009 a las seis y media de la tarde todos (aquellos los primeros) cruzaban los dedos porque la llama olímpica estaba muy cerca de Madrid. En ese momento nadie decía nada en contra, algunos porque no se atrevieron a decirlo entonces.
Pero llegó el momento en el que de aquel sobre salió el nombre de la ciudad de Río de Janeiro. El "mazazo" fue importante. Sobre todo al enterarnos de que Río había sacado a Madrid 30 votos de diferencia.
En la sala del hotel D'Anglaterre una ovación recibió a la delegación política y deportiva de Madrid 2016. "El sentimiento es de tristeza". Así empezó Gallardón su discurso de la derrota. Se le notaba emocionado. Agradeció especialmente a la oposición su presencia en el estrado porque:
"La victoria siempre tiene muchos padres pero la derrota suele solo tener uno. Pero hoy, los líderes de los grupos municipales de la oposición (David Lucas - PSOE y Ángel Pérez - IU) me han pedido estar aquí conmigo".
La imagen era única. Por primera vez, ante una cámara, ante un país, los políticos estaban siendo completamente sinceros. Dejaron a un lado los intereses, los puñales y las hachas que hacen leña del árbol caído. Sencillamente se le comunicó, en ese caso, al pueblo de Madrid, que sentían mucho "no haber alcanzado un sueño".
Ahí, en la palestra, se mostraron los seres humanos que no solemos ver en maquiavélicas declaraciones en las que se tildan de "bobos" y cosas parecidas los unos a los otros. Dejamos de ver esas escenas terribles en las que para aceptar una derrota tratan de convencer que han ganado y les hemos podido escuchar decir la verdad.
¿Se imaginan un ministro o un presidente del Gobierno al que se le vea verdaderamente afectado por el incremento del paro, o pidiendo disculpas porque no ha encontrado una mejor manera de superar la crisis que subir los impuestos? ¿Se imaginan a un alcalde que pida disculpas por habernos cobrado un dinero para un proyecto que no ha conseguido? ¿Se imaginan a un parlamento que ante un atentado terrorista sienta el duelo, sincero, con las victimas antes de sentir el puñal que la oposición le ha clavado por la espalda? ¿Se lo imaginan?
Lo hemos visto en Copenhague persiguiendo un sueño. Pero, ¿habrá sido sólo eso, un sueño? Contemos los minutos que faltan para el próximo insulto y los minutos que faltan para la próxima derrota que es victoria.