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Gerard Piqué actúa noche sí, noche también. El central del Barça se despachaba a gusto con el público del Camp Nou, que pitó a un inoperante André Gomes, invitándolos a quedarse en sus casas. “La gente que silba antes de que un jugador entre al campo se puede quedar en casa la próxima vez, es intolerable y no ayuda ni al equipo, ni al futbolista ni a nadie”, amenazaba Gerard.

El público del Barcelona, avisan desde dentro, es soberano. Tiene derecho a aplaudir/reprochar por igual. Y en todo caso, Piqué, que no es ni capitán de los azulgrana, no es quien para erigirse como portavoz del club/grupo para regañar al socio.

El problema de Gerard, aseguran en

el Barça, es que está llevando el personaje en el que se ha convertido al límite. ‘Geri’ se ha tomado en serio su proclama de ser presidente del Barcelona a corto medio plazo y ya ejerce de técnico, directivo y hasta de capitán en la sombra. Una actitud que levanta ampollas en la directiva donde algunos, aseguran, pagarían de su bolsillo para perderlo de vista. Y en un vestuario que lo apuñala por la espalda harto de tanto incendio.

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