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La fuga de empresas catalanas acelerada tras el referéndum del 1 de octubre por el miedo a las repercusiones económicas de una declaración de independencia no va a ser un efecto pasajero.

De hecho, incluso las compañías que han aprobado mover su sede social fuera de Cataluña argumentándolo como una medida temporal, tardarán años en volver. Otras nunca lo harán, como ocurrió en la región canadiense del Quebec hace décadas.

El profesor de banca y mercado de valores de Esade, Juan Ignacio Sanz, explica a Estela López de 'El Economista':

"La retrocesión del cambio de sede requiere un periodo prolongado de estabilidad, que no serán menos de tres, cuatro o cinco años. Las empresas deben estar completamente seguras de que el motivo de la marcha no se va a reproducir".

Javier Santacruz, investigador de la universidad de Essex, coincide en que es "muy complicado" que estas sedes vuelvan en el corto plazo, e incluso en el medio, especialmente si se produce el cambio de la sede fiscal, como ya han hecho CaixaBank y Banco Sabadell.

"Cuando son grandes empresas, que además están internacionalizadas, produce un coste interno y de reorganización en la dirección financiera que es de más difícil reversión a medio plazo, incluso a cinco, seis o siete años vista".

Hasta ahora ya han huido las sedes de las principales empresas catalanas, desde la banca a la mayoría de empresas cotizadas, así como compañías representativas del ámbito de los seguros y la alimentación, tanto de origen catalán como multinacionales que eligieron Barcelona hace décadas para desembarcar en España, y que la situación política ha expulsado ante el temor a quedarse aisladas.

Además, las cotizadas han sido premiadas por el mercado cuando han anunciado el cambio de sede.

Del Ibex 35, solo Grifols se mantiene en Cataluña, y esta semana ya advirtió que "en el hipotético supuesto de que la actual situación derivase en un nuevo escenario que pudiese afectar el curso normal de los negocios o de la situación financiera de la compañía, el consejo acordaría las medidas necesarias".

La incertidumbre es rápida en su llegada y muy lenta en su disipación. Una vez rota la confianza, las empresas van a tardar en recuperarla.

Además, en el caso de las cotizadas, deben asegurarse de que los mercados no van a castigar su decisión de volver. Nadie se arriesgará a tomar decisiones precipitadas que puedan perjudicar a sus negocios. Se van por eso.

La gran banca del Quebec nunca volvió

La región canadiense de Quebec vivió dos oleadas independentistas en el último tercio del siglo XX que provocaron que perdiese dos terceras partes de las sedes centrales de grandes empresas, especialmente en el sector financiero y asegurador, pese a ser referente en estos negocios en los años sesenta.

Y no solo fue un cambio formal, también se acabó marchando el empleo, y ello conllevó pérdida de población y una crisis inmobiliaria