Economía
Hinchas de fútbol noruegos. NG

El Gobierno noruego, en medio de una guerra sobre impuestos con la oposición, tuvo la ocurrencia el pasado junio de 2017 de proponer a la gente una  medida tan inédita como original: que los ciudadanos convencidos de que pagan pocas tasas, ingresaran al fisco más de forma voluntaria.

Se las prometían muy felices las autoridades, dando por supuesto de que en el país -tanto a derecha como a izquierda- todos se pirran por aportar pasta a lo común.

Y se han llevado un buen chasco. La iniciativa ha recibido una fría acogida, ya que hasta ahora únicamente ha recaudado el equivalente a poco más de 1.000 euros en ingresos adicionales.

La cifra no es en absoluto elevada para un país de 5,3 millones de personas, acostumbradas a pagar algunos de los impuestos más altos del mundo. De hecho, la tasa máxima del impuesto sobre la renta es del 46,7%.

"El esquema tributario fue creado para permitir que aquellos que quieran pagar más impuestos lo hagan de una manera sencilla y directa", dijo la ministra de Finanzas, Siv Jensen.

"Si alguien piensa que el nivel de impuestos es demasiado bajo, ahora tiene la oportunidad de pagar más".

La iniciativa surge después de que a finales de 2013 el Gobierno noruego, controlado por los conservadores, tuviera que enfrentarse a una de las peores crisis de los últimos años después de que se desplomara el precio del crudo.

El Ejecutivo reaccionó rebajando impuestos y aprovechando por primera vez el enorme fondo de riqueza del país.

Los partidos de la oposición, de centro-izquierda, aseguraron que esas medidas beneficiarían a los más ricos y aumentarían las desigualdad.