Economía
La Familia Franco, en otros tiempos, cuando vivía todavía el Generalísimo. EP

El cónclave del pasado jueves, 1 de febrero de 2018, es solo el último de los movimientos que ha habido desde octubre hasta el fallecimiento de la hija del dictador en torno a los Franco y todo indica que no va a haber ningún tipo de problema entre ellos a la hora de repartirse la herencia, un sustancioso legado que incluye valiosísimas joyas, decenas de millones de euros, fincas, locales, garajes, aparcamientos y negocios como pizzerías, clínicas y hasta productoras de televisión.

Muchos de estos negocios continúan aportando importantes beneficios a la cuenta de Carmen Franco y ahora de sus herederos.

El interés entre los siete hermanos es que el reparto sea lo más ecuánime posible. El 22 de noviembre entró Arancha Martínez Bordiú en el consejo como paso previo para planificar la gestión de la herencia del inmenso legado del dictador a la muerte de su única hija.

Puede decirse incluso que el fallecimiento de Carmen Franco incluso ha unido a sus familiares y a pocos días de que se abra el testamento, parece que todo estaría atado y bien atado, expresión muy apropiada tratándose de los descendientes del dictador.

En los últimos años la familia se había deshecho de varias propiedades pero todavía hay mucho que repartir. Algunas de las ventas más sonadas fueron el Palacio del Canto del Pico.

También se vendieron algunas fincas y parcelas que pertenecían al marqués de Villaverde, marido de Carmen, y de las que se desprendieron tras su muerte en tras su muerte, hace exactamente 20 años (el 4 de febrero de 1998).

Dichas operaciones reportaron a la viuda y a sus herederos unos cinco millones de euros.

Pero el gran pelotazo familiar vino con la venta de parte de la finca de Valdefuentes, donde se recalificaron más de 3,3 millones de metros cuadrados de las diez hectáreas de la propiedad.

Se corresponden con los actuales terrenos donde se encuentra el complejo Xanadú, en Arroyomolinos, y donde se construyeron más de 5.000 viviendas.

La propiedad pasó de costar seis millones a 60 millones de euros. Fincas, locales, garajes, aparcamientos y negocios como pizzerías, clínicas o productoras de televisión continúan aportando importantes beneficios a la cuenta de Carmen Franco y ahora de sus herederos.