Monago.
TAREK
Si histórica fue la victoria del PP en Extremadura en las elecciones autonómicas de mayo, cuando acabó con uno de los mayores graneros de voto socialista, el tsunami del 20-N puede calificarse de asombroso.
La diferencia, que fue de casi tres puntos hace cinco meses, pasaría ahora a casi 18 puntos, el 53,7% de intención de votos, lo que le otorgaría entre seis y siete diputados para los populares, por el 35,8%, entre tres y cuatro escaños, para los socialistas.
Eso significa que el PSOE en cuatro años se dejaría 16,5 puntos (pasa del 52,3% a un pírrico 35,8%), mientras el PP sube casi 12 (del 41,8% al 53,7%).
IU también sale reforzada, a pesar de los dolores de cabeza que provoca la organización regional en Cayo Lara, que no hará campaña en esta comunidad tras el acuerdo alcanzado con el PP que permitió gobernar a Monago. La formación izquierdista, que tiene como cabeza de lista precisamente a su coordinador regional, Pedro Escobar, casi dobla sus resultados al pasar del 3% al 5,4%, aunque no le sirve para alcanzar un diputado.
Estos resultados significarían una humillación en toda regla para los socialistas, porque ni en la primera victoria del PP en Extremadura en toda su historia, con la mayoría absoluta de Aznar en el año 2000, consiguió el centro-derecha una victoria así de rotunda en una región donde el PSOE no sólo no ha ganado, sino que ha aplastado históricamente a su contrincante.
Entonces, hace 11 años, el PP alcanzó el 47% de los votos y el PSOE, el 44,7%, lo que permitió a los populares ganar por un diputado de ventaja. Ahora serían tres.
La clave es su espectacular subida en la provincia de Badajoz, donde alcanza su cuarto diputado y rompe el perenne empate a tres.
En Cáceres, cuyo cabeza de cartel es el diputado nacional Carlos Floriano, también consigue unos resultados espléndidos y está en juego aún obtener un diputado más.
En cualquier caso, de confirmarse estos resultados, se afianzaría el liderazgo de José Antonio Monago.
Por el contrario, la situación se complica para Fernández Vara, que se dejó querer hace meses como posible sucesor de Zapatero y al que una segunda derrota consecutiva en su región, y más con esta abismal diferencia, podría terminar por finiquitar, si es que aún tiene alguna posibilidad si quiera de influir decisivamente en el futuro socialista.
En cualquier caso, podría alegar que, al menos, con él como cabeza de cartel, la sangría no fue tan descomunal como ahora, aunque ni el político autonómico más valorado de España se escapa de la quema.
