Carameliza la ciruela para acompañar venado, carne de cerdo y muslitos de pollo.
Sanas y sabrosas, deliciosas y amigas de nuestros sufridos intestinos, las carnosas ciruelas están en su mejor y demasiado breve momento.
Vamos a degustar ese manjar casi otoñal en gratinado tibio. La receta, prevista para unas cinco personas golosas, es facilísima. Precalentar su horno a 200º (termostato 6-7). Calentar ligeramente medio litro de leche desnatada. Verterla en el vaso de la batidora y mezclar con dos cucharadas de té matcha, 30 cl. de nata espesa, 80 gr. de azúcar moreno, tres huevos y una yema suplementaria, hasta obtención de un mus muy ligera. Reservar.
Distribuir en unos flaneros individuales un poco de caramelo, 400 gr de ciruelas maduras, lavadas, deshuesadas y troceadas. Verter la crema reservada encima, hornear media hora, dejar enfriar casi totalmente y degustar.
Muy fino y delicado, ese postrecito se lleva de maravilla con bizcochos de soletilla, galletas de mantequilla, de chocolate, bolitas de helado de vainilla. Riégalo con té de bergamota (Earl Grey) o una copa de cava muy fresco.
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".