La pera es una buena fuente de vitaminas (C y D), de carotena y de fibras.
Ese postre reúne el fresco atractivo de las peras y la sensual suavidad de las sabrosas almendras. Las proporciones están previstas para cuatro personas (golosas).
Precalentar su horno a 200º. Comprar una lata grande de peras en almíbar, escurrir perfectamente la fruta, laminarla, dorarla ligeramente en un poco de mantequilla, canela en polvo y ron (u otra licor). Repartir las láminas de pera en cuatro flaneros individuales y reservarlas. En una batidora, mezclar 200 gr. de almendras en polvo, 100 gr. de azúcar, 3 huevos enteros, 4 cucharadas de nata espesa (con queso mascarpone queda genial) y 2 cucharitas de azúcar impalpable.
Verter esa mezcla sobre la fruta, enhornar y cocer unos 8-10' o un poquito más según la potencia de su horno, hasta obtención de un bonito dorado.
Servir tibio, decorado con una hojita de menta, una pizca de nata montada, pastas de té. Se puede realizar con otro tipo de fruta en almíbar (melocotón, albaricoque...), aromatizar con esencia de vainilla... ¡Buen provecho!
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".