Mezclada con queso fresco, la crema de castañas se muda a delicioso postre: el Mont-Blanc. Pruébalo, es una maravilla.
Prueba ese delicioso flan al aroma de castaña. Es realmente sensacional y luce sorprendentes líneas jaspeadas que descubrirás al desmoldarlo. Su intenso sabor intensificado por el tierno jarabe de arce, encantará a toda la familia. Se hace de la manera siguiente y las proporciones están previstas para seis personas:
Precalentar el horno a 200º. Hervir un litro de leche con el interior raspado de una vaina de vainilla. Reservarlo. En el vaso de la batidora, mezclar seis huevos enteros con 200 gr de azúcar blanco, añadir la leche caliente, 500 gr de crema de castañas. Verter la mezcla en flaneros individuales, hornear al baño maría unos 60' a 180º. Dejar enfriar completamente y refrigerar unas seis horas. Desmoldar, rociar con jarabe de arce a discreción y degustar con bizcochos de soletilla. Buenísimo.
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".