Para ese finde, una receta divina, en directo de las latitudes eslavas y la mar de sabrosa: los blinis.
¡Qué irresistibles son los blini! Mullidos, dorados, apetitosos, ¿por qué comprarlos en cuanto son tán fáciles de realizar en casa? Así que a vuestros delantales, ya que Fogon's quiere compartir con vosotros esa deliciosa receta básica, ideal para el finde que se avecina:
En un gran cuenco, depositar 150 gr. de harina blanca, formar un volcan en el centro, añadir una pizca de sal, 15 gr. de levadura de panadería diluida en medio vasito de agua tibia y una yema de huevo (reservar la clara). Mezclar hasta obtención de una masa homogenéa.
Aparte, montar la clara a punto de nieve, incorporarla con suma delicadeza al preparado anterior sin trabajarlo demasiado. Verter pequeñas cantidades de la masa en una mini-sartén anti adhesiva, con un poco de mantequilla salada. Cuando los blini están doraditos, retirarlos y conservarlos en un punto calentito de la cocina hasta el momento de servirlos. Es mejor consumirlos enseguida, pero también recobrarán todo su frescor pasándolos unos minutillos al microonda.
Un poco de culture food:
Los blini son una suerte de pancake esponjoso, servidos en latitudes eslavas durante la celebración de ciertos rituales religiosos. Su etimología deriva del antiguo eslavo "blin" (moler), saludando el final del periodo invernal y el renacimiento del Sol, del cual imitaron la forma esférica.
Esa tradición puntual, de siete días de duración, fue adoptaba por la Iglesia Ortodoxa rusa hasta hoy día y llamada "Maslenitsa" o "Semana de los Pancakes".
Los siempre festivos y sabrosos blini se degustan a secas rociados de mantequilla o con rellenos variados: nata espesa agría con tiras de salmón ahumado, caviar, tarama, huevos de lump, hierbas aromáticas o daditos de pepinos. Con un poco de práctica, resultan tan fáciles de realizar que las crepes, así que a entrenaros para luciros como auténticos/auténticas chefs.
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".