Zinc, cobre, proteínas, vitaminas B3 y B12, son los beneficios salutíferos de la deliciosa gamba, de débil aporte calórico.
El suflé es sinónimo de plato exquisito y confeccionarlo, respetando sus pautas y tiempos, un juego de niños. Intentálo, pon tu propia receta a punta, busca tu preferido y pon su nota festiva en tu mesa más a menudo.
Precalentar su horno a 200º. En una cacerola derretir a fuego lento 50 gr. de mantequilla. Agregar 30 gr. de harina, mezclar con una cuchara de madera y cocer unos 4'. Incorporar 30 cl de leche sin dejar de revolver, dejar hervir unos pocos minutos sin que se formen grumos. Agregar 4 yemas rotas, de una en una, revolviendo después de cada adición, 150 gr. de gambas peladas y cortadas en daditos pequeños, 100 gr. de queso Ementhal rallado, salpimentar, espolvorear con media cucharadita de nuez moscada y apartar del fuego.
Incorporar las claras restantes montadas a punto de nieve. Verter en flaneros individuales enmantequillados, dejando un centímetro sin llenar. Hornear unos 20'-30' a 180º, de la potencia de su horno depende el tiempo exacto de cocción.
Servir enseguida, acompañado de una buena ensalada del tiempo, las endivias se armonizan idealmente en tal caso. Regar con rosados y blancos afrutados.
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".