El brécol romanesco, oriundo de Italia, presenta una pintoresca geometría fractal y se aprecia tanto para usos gastronómicos como para la decoración. Consúmalo crudo o al vapor.
La coliflor resulta el acompañamiento ideal de muchas carnes e incluso pescados. Cruda, al vapor, gratinada, salteada, hervida, son miles las recetas y los deleites gastronómicos brindados por esa magnífica hortaliza, proeza salutífera de la ingeniería natural. ¿Un defecto? ¡Nadie es perfecto! Provoca incómodas y excesivas flatulencias, fenómeno derivado de su fuerte aporte en azufre. Excelente fuente de vitaminas, fibras y minerales (potasio, calcio, magnesio), de mínimo aporte calórico, por diurética permite una eliminación importante de toxinas y ácido úrico.
Ríndete a sus encantos y prueba esa excelente receta, que se confecciona lavando, cociendo al vapor y escurriendo medio kilo de ramitos de coliflor. Depositarlos en flaneros individuales ligeramente enmantequillados.
Aparte, rebozar en mantequilla dos cebollas finamente laminadas, agregar una ramita de tomillo, un chorrito de vino blanco de calidad, 100 gr. de queso gorgonzola con mascarpone, seis cucharadas de nata espesa, salpimentar a gusto y distribuir en los flaneros. Gratinar unos minutos, hasta obtención de un apetitoso dorado y degustar con un rico pescado como la dorada. Excelente, muy rápido, apto para todas las carnes blancas y fiambres. ¡Enero es uno de sus meses de plena forma, aprovéchalo!
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".