"Siete virtudes tiene la sopa es económica, el hambre quita, sed da poca, hace dormir, digerir, nunca enfada y pone la cara colorada" (Elogio anónimo a la imprescindible sopa)
Con esa brutal ola de frío, hay que alimentar cuidadosamente nuestro organismo con una de esas sopas tan reconfortantes y nutritivas. Nuestra sugestión está prevista para seis personas.
En una sartén, verter un potito de nata espesa, calentar a fuego muy moderado y añadir 200 gr. de queso de cabra (el Sainte-Maure-de-Touraine es ideal para esa receta), cuya costra se habrá retirado. Remover hasta obtención de una mezcla muy homogénea. Reservar.
Pelar, lavar, secar y trocear 600 gr. de patatas. Depositarlas en una sartén de grandes dimensiones, dorarlas en una cucharada de aceite de oliva. Agregar una cucharada de miel y dejar caramelizar ligeramente. Completar el baile aromático con una pizca de canela, unas briznas de azafrán y medio litro de caldo de ave. Dejar hervir unos 2', salpimentar y cocer tapado una hora a fuego muy moderado.
Al cabo de ese tiempo, verter la sopa en el vaso de la batidora, añadir mezcla nata-queso de cabra reservada, triturar hasta obtención de una textura muy fina. Verter de nuevo en una cacerola, calentar ligeramente y distribuir en los platos. Servir calentito, decorado con hojitas de perejil y acompañado de lonchas tostadas de pan payés. Buenísimo y muy original.
Niza, Francia, 1951, Por tradición familiar y gusto personal orienté muy temprano mis intereses intelectuales hacia la cruel, fabulosa e instructiva historia del hambre y de la alimentación, tan penosa desde el encontronazo de Dios con la rebelde Eva y la consiguiente última maldicción bíblica. Es evidente que bajo cualquier latitud, el fundamental y primoroso papel del alimento es satisfacer una acuciante necesidad fisiológica cotidiana, el hambre. Empero los contrastes climáticos y recursos naturales modelan el patrimonio identitario de cada pueblo, determinan su territorio, progreso, estructura social... Y nunca olvidar lo que George Bernard Shaw dijo: "No hay amor más sincero que el amor a la comida".