Lewis Hamilton.
EP
Hamilton se corona como Rey indiscutible de los adelantamientos.
Lewis Hamilton es sin duda uno de los pilotos con peor reputación en tierras españolas, cada vez que tiene una salida de pista o un problema los espectadores saltan de sus butacas en un ataque de euforia. Cada adelantamiento es una puñalada por la espalda y cada acción se toma como un asalto a un reglamento que parece ajeno al británico.
La huella del infierno que Fernando Alonso y Hamilton vivieron en su temporada en McLaren, ha marcado casi de por vida el sentimiento de muchos nacionales por el campeón del mundo más joven de la historia.
Hamilton Rey del espectáculo
Por mucha animadversión o tiña que se le tenga al piloto de McLaren, no cabe duda que una vez más, este año, se corona como Rey indiscutible de los adelantamientos.
Entrando en boxes, en el pit lane, con Safety Car en pista, en cada frenada, en cada curva, en cada recta, Hamilton es capaz de arrebatar la posición a cualquiera allí donde se encuentre, incluso con un coche inferior al resto. Con sol o con lluvia, su ímpetu y agresividad desmedida le conceden proezas que consiguen retractar de sus argumentos a quienes critican que en esta F1 no es posible adelantar.
Para encontrar algo similar a lo que el británico es capaz de poner sobre la pista debemos recordar viejas glorias del automovilismo, como Ayrton Senna en Donington ‘93 que en la primera vuelta liquidó a Schumacher, Wendlinger, Hill y Prost, o Brasil 2006 donde Schumacher en media carrera adelantó 18 posiciones hasta quedar cuarto.
Lewis Hamilton gustará o no, pero con lo que es capaz de poner en pista en cada carrera consigue que sus seguidores vibren de emoción, al tiempo que sus detractores se corroen en sus butacas por el abrumador espectáculo que ofrece.
Hamilton villano
Plagiando al diario La Gaceta en su análisis, todo lo que tiene de talento y temperamento en pista, Hamilton lo sazona con una picaresca sin límite fruto posiblemente de la escuela McLaren donde ha crecido, impregnando en su DNA la cultura de lo impúdico como el campeonato del mundo ganado Japón 1976, el caso de espionaje a Ferrari, el escándalo de Melbourne 2009 o el difusor declarado ilegal con el que Hamilton terminó tercero en el primer Gp de este año en Bahrain.
El zig zag bloqueando a Petrov, el incidente con Vettel en el pit lane, el toque con Webber cuando el coche de seguridad abandonaba la pista, maniobras amparadas bajo la complacencia de Charlie Whiting y de la FIA, enturbian la imagen de la Fórmula 1 y de uno de sus mayores talentos en la actualidad.