Vettel (Red Bull) consigue la 'pole' con Alonso (Ferrari) tercero
Europa Press
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Parece que fue ayer cuando la Formula 1 se retransmitía como noticia de colas en el telediario de la 1. Hoy todo esto ha cambiado y este poder mediático y el exceso de información hizo que salgan a la palestra los hombres que se encuentran en la sombra, pero que trabajan con ilusión los 365 días al año sin luces ni aplausos, para eso ya están los pilotos y los propietarios.
Hoy ya sabemos que la Fórmula 1 es una lucha de intereses de empresas con empresas, antes y ahora los ingenieros son claves para las victorias. Entre estos destacan dos con absoluta superioridad:
Hay un duelo entre dos genios ingleses que llevan disputando un pulso desde el año 92, (cuando la F1 de Ecclestone comenzaba a convertirse en un fenómeno mediático de masas) en distintos equipos, pero con idéntico resultado; coches ganadores, equipos campeones. Se trata de Ross Brawn y de Adrián Newey, los auténticos genios de Ferrari, Brawn y McLaren de los últimos años que ahora asoman la cabeza en Mercedes y en Red Bull.
Newey, de 52 años, está considerado el mejor diseñador del mundo; y Brawn, que no diseña, es, a sus 55 años, el mejor estratega, jefe técnico y conocedor del reglamento del mercado. La pelea comenzó a mediados de los 90, cuando Newey empezó a estilizar el Williams Renault con suspensión activa de Patrick Head, lo que les sirvió para conquistar los títulos de 1992 y 1993 con Mansell y Prost.
Para plantarles cara llegó Brawn, dirigiendo a Pat Symonds, y fichando a Schumacher para pilotar el Benetton morro de tiburón con más "mejoras autorizadas" fuera del reglamento de las que os podéis imaginar. Pero llego el milagro sacándole jugo a las normas y al diseño, como hoy. Así, el ingeniero atómico Brawn ganó dos seguidos (1994 y 1995) y con el mejor piloto del momento se fue a Ferrari. Mientras, el aeronáutico y aeroespacial Newey se quedó en Williams y ganó otros dos (1996-1997), con Hill y Villeneuve, aunque se había adjudicado los de constructores de 1992, 93, 94, 96 y 97. Se repartieron el pastel toda la década.
Brawn tardó poco en enderezar Ferrari, sumido en una gran crisis de identidad desde 1981. En apenas un año le dio la vuelta a la organización del equipo, en lo deportivo y lo técnico, y en 1997 y 1998 disputaron el título hasta la última carrera. El momento lo aprovecho su amigo Adrián, que había aterrizado en McLaren para enderezar también el otro buque. Le quitó la mediocridad de líneas y en 1998 Hakkinen se adjudico el título gracias a una virguería llamada MP4/13. El finés repitió en 1999 y si no lo hizo en 2000 fue por que Ross Brawn y Schumacher ya empezaban el ciclo victorioso de cinco años en la Scuderia. Fernando Alonso y su Renault formaron la única oposición, en 2005. Acabaron con un Ferrari glorioso pero que no se adaptó a la prohibición de cambiar neumáticos y con un McLaren mucho mejor, pero frágil como una pluma.
Brawn se tomó un año sabático antes de volver a Honda y Newey se aburrió de Dennis y emprendió su sueño en Red Bull en 2006. Ferrari y McLaren han vivido dos años de la inercia de los diseños y estructuras que dejaron los dos, gracias a un reglamento técnico estático, pero en cuanto la norma se ha dado la vuelta, han salido a la superficie las miserias de ambos superequipos. No tienen la genialidad para dar con un coche campeón desde el folio en blanco, para dirigir con astucia las estrategias en carrera, como se ve en Ferrari. Adrián y Ross sí. Se han inventado un cochazo.
Después Brawn compró Honda (tras anunciar su retirada) para seguir su sueño, volvió a robarle la cartera a los superequipos con el famoso difusor en el que nadie creyó cuando lo homologo en la FIA, por el contrario del famoso KERS que no dio el resultado esperado. Consiguiendo dobletes e hizo campeón a un "don nadie" en lo deportivo: Button, con el que nadie nunca contó. Ya este año el proyecto se lo vendió a Mercedes y sacó del paro a su amigo el Kaiser, al que le prometió resultados acordes con sus palmares, estos poco a poco van llegando y entre todo se sacrificará la trayectoria de Nico Rosberg.
Newey continúo mejorando un monoplaza que comenzó en la cola, que rechazó el propio Fernando y que este año es con claridad el más rápido. Adrián tendrá que lidiar ahora sobre a quien quiere hacer campeón. Esto es lo que menos le gusta, no tiene la sangre fría de Brawn para tomar decisiones deportivas. Tendrá que retrasar a Webber a favor de Sebastian Vettel que es la joya de la corona del Equipo Red Bull y que además amenazó con marcharse si no se le da lo que pide, pero eso será otra historia.
Ferrari tiene que volver a enderezarse. El ciclo se repite. No sólo sirve ganar, como en el Madrid de Florentino, Ferrari tiene que ganar e ilusionar, hasta el momento ni una cosa ni la otra. Domenicali tiene un problema.
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