El pasado año hubo 'oficialmente' 14.675 muertes por accidentes laborales en China, pero las estadísticas en este ámbito son muy poco confiables, y algunos observadores sugieren que la cifra real podría acercarse a las 120.000.

Eso sólo es una cara del drama, porque hay otras.

Li Jianhua, un regulador bancario de China, trabajó literalmente hasta morir. Con 48 años, falleció en junio de un ataque del corazón cuando ultimaba un informe antes de que saliera el sol. No es un caso aislado. Unos 600.000 chinos fallecen al año por trabajar demasiado, señala el diario China Youth Daily.

Radio Internacional de China, una emisora controlada por el Estado, admite que unos 1.600 trabajadores mueren al día por exceso de celo en su empleo, según recoge Bloomberg Businesssweek.

Sina Weibo, el Twitter chino, está repleto de quejas sobre la vida estresada que ha llevado a la muerte a un empleado de 24 años de una agencia de relaciones públicas, a un auditor de 25 años o a un diseñador de aviones de combate.

Los expertos hablan de auténtica «epidemia».

«¿Qué sentido tiene trabajar horas extraordinarias hasta morir?», pregunta en la web de microblogging un usuario que señala cómo su jefe insta a los empleados a pasar más tiempo en el trabajo.

Para el Estado chino, los empleados que trabajan hasta la muerte son héroes como Lei Feng, un soldado del Ejército Popular de Liberación homenajeado desde 1960 en campañas de propaganda por su dedicación al partido.

La empresa que empleaba a Li Jianhua también lo pone de ejemplo para el resto.

«Aprender del camarada Li Jianhua, hay que ser como él, siempre firme en los ideales y creencias, trabajando por el interés común, leal a la causa del partido y del pueblo, y luchando sin tregua hasta sacrificarlo todo».

La relación entre estas muertes y el estrés relacionado con el trabajo no siempre es clara, por lo que la cifra de fallecidos puede ser subjetiva y difícil de compilar, pero los gobiernos de Japón y Taiwán ya reconocen oficialmente estos casos.

En Japón, la muerte por exceso de trabajo se llama karoshi e incluye las muertes por accidente cerebrovascular, ataque al corazón, derrame cerebral u otras causas repentinas relacionadas con las exigencias del trabajo.

En 2012, el gobierno japonés compensó a 813 familias que fueron capaces de demostrar una relación entre el exceso de trabajo, la enfermedad y la muerte, incluidos 93 suicidios. El Parlamento aprobó el 20 de junio una normativa con ayudas a las empresas para programas de prevención y más investigación sobre el karoshi.