Rajoy y Cameron hablan de Gibraltar: Tenemos posiciones diferentes
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En clave galaica resulta algo más sencillo vislumbrar los inescrutables caminos del señor Rajoy. En la tierra donde nació, donde ha estudiado, donde tomó sus primeras copas y descubrió los primeros perfumes de mujer el nuevo inquilino de La Moncloa, se suele decir, poco antes de cruzar un puente sobre aguas turbulentas: ¡Dios es bueno, pero el demonio no es malo!
En el argot del noroeste español, eso quiere decir que nada es de todo blanco y nada es del todo negro. Que resulta conveniente, por si acaso, ponerle una vela a dios y otra al diablo. Que la historia de Europa, esa vieja dama caprichosa, puede parecer ahora mismo la apasionada amante de Berlín y París, como in illo témpore cayó rendida en los brazos de Alemania y su Francia "ocupada" Pero, nadie, en su sano juicio, ha podido olvidar el grito de aquel viejo inglés con el que se inició la "batalla de Inglaterra", el aglutinamiento del bando "aliado" y la liberación de Europa: "sangre, sudor y lágrimas"
La foto del número 10 de Downing Street no es una declaración de guerra propiamente dicha. Nada que ver con aquella foto de las Azores, en la que José María Aznar, aquel muchachito de Valladolid, se dejó llevar por su sinceridad genuinamente castellana y le puso una vela al Tío Sam, "IN GOD WE TRUST", ante dios, la historia y los fotógrafos. La nueva guerra de los aliados es incruenta, no se ha iniciado con bombas, sino con palabras suscritas por doce países europeos y, por primera vez en la historia continental, no va a pillar a España disfrazada de país neutral, ni siquiera aprovechando que ayer era martes de carnaval.
Empieza un partido de dobles apasionante en éste Grand Slam europeo sobre la complicada pista de la crisis del euro. De un lado Merkel y Sarkocy, los indiscutibles favoritos en todas las apuestas. Del otro Cameron y Rajoy, prácticamente nuevos en el circuito, que tienen mucho menos que perder, pero mucho más que ganar.
El hermético e indestructible liderazgo franco-alemán, con su diseño de Europa, su colección de soberanías, su foto sobre las mesillas de noche de centenares de europeos que se acuestan murmurando: ¡hasta mañana si tu quieres", le vio este martes 20 de febrero de 2012 por primera vez las orejas al lobo. Es posible que el mundo sólo haya querido ver un inofensivo apretón de manos frente a la fachada del número 10 de Downing Street. Pero quizá estuviesen enviando un subliminal mensaje cifrado: otra Europa es posible.
Los españoles deberíamos empezar a asimilar que ha tomado posesión de La Moncloa el primer Presidente de un Gobierno nacido en Galicia, pero elegido en las urnas. Ha habido más gallegos al frente de éste país: Montero Ríos, Eduardo Dato, Gabino Bugallal, Portela Valladares, Casares Quiroga, incluso el híbrido galaico-matritense Calvo Sotelo, pero todos ellos digitales, o sea, elegidos a dedo.
A este gallego de mucho cuidado, dicho sea sin ánimo peyorativo, al que por vez primera en la historia contemporánea le ha situado el pueblo en la cima de la pirámide democrática del poder, le ocurre un poco como al club de a ciudad de sus años mozos, el Pontevedra Club de Fútbol, en cuyas épocas de esplendor en la hierba de Pasarón se acuñó una frase que hacia temblar a los equipos visitantes: ¡hai que roelo!