Galicia

José Blanco.

EFE

Movimientos en el PSOE, para salvar algún mueble en el naufragio electoral

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Derrotado, humillado y en capilla, Blanco intenta irse por la puerta de atrás

El vicesecretario se alió con Rubalcaba para que éste fuera candidato y ahora queda a la intemperie

Periodista Digital, 26 de noviembre de 2011 a las 13:32
Quien lo hubiera dicho cuando Zapatero hablaba del talante y reivindicaba el republicanismo cívico

Mérito no tiene, porque escapa obligado. Pero él, fiel a su trayectoria, intenta hacer de la necesidad virtud.

Nos referimos a José Blanco y al anuncio de que se retira de «la primera línea de la política nacional», alegando que lleva 11 años en la cúpula del PSOE y que desea ceder el paso a gente más joven.

Blanco reiteró este 25 de noviembre de 2011, que mantendrá su acta de diputado por respeto al electorado que le ha votado, lo que es difícilmente compatible con su intención de no seguir en esa «primera línea» de la política nacional.

¿O es que acaso el todavía ministro de Fomento considera que ser diputado es algo irrelevante o una mera ocupación que no comporta estar en esa «primera línea»?

Las palabras le traicionan. Lo que dejan entrever sus explicaciones es que José Blanco va a mantener el acta de diputado porque ello garantiza su aforamiento.

De perder esta condición, el ministro sería imputado por delitos de cohecho y tráfico de influencias de forma inmediata por la juez de Lugo que instruye el caso Campeón.

Eso es lo no quiere. Prefiere ser investigado por un Supremo que no podrá proceder contra él hasta que el Congreso apruebe el suplicatorio que debería remitir este Alto Tribunal. Por tanto, lo que Blanco está haciendo es blindarse en su escaño.

Tiene motivos porque este asunto se complica cada día más. El diario 'El Mundo', que estira la cuerda todo lo que puede y repite un día si y otra también lo que ya se sabe, afirma este 26 de noviembre de 201 que el empresario Javier Rodríguez intentó comprar el silencio de Jorge Dorribo cuando éste acababa de salir de prisión. Le ofreció en otra gasolinera devolverle los 290.000 euros que había pagado al primo del ministro. Pero la gestión fue un fracaso.

Blanco está acorralado. Por ello, se ha visto forzado a hacer ahora lo que le habíamos pedido de forma insistente: abandonar sus cargos. Y ello porque, al margen de cuales sean sus responsabilidades penales, Blanco tenía que haber dimitido tras reconocer el sospechoso encuentro con Dorribo en la gasolinera de Guitiriz, algo impropio en la conducta de un ministro.

Blanco optó por huir hacia delante, pero su posición política se hizo totalmente insostenible cuando nuestro periódico divulgó los términos de la exposición motivada de la juez, que reforzaban seriamente la sospecha de la comisión de graves delitos.

Este 25 de noviembre, el diario 'El País', que apoya a Rubalcaba para sustituir a Zapatero, insistía en que el Supremo tiene que decidir si actúa ante «la denuncia de un empresario imputado por corrupción».

Es totalmente falso. Lo que hay es una exposición motivada de una juez, que incluye las declaraciones de Dorribo y otros muchos indicios.

Ese mismo periódico es el que no se conformó cuando Luis Bárcenas dimitió como tesorero por sus implicaciones en Gürtel y le exigió de forma reiterada que renunciara a su escaño de senador. Bárcenas accedió a ello y luego fue exculpado por la Justicia.

Todo indica que Blanco no dijo la verdad el 24 de noviembre cuando afirmó que él había decidido en abril marcharse junto a Zapatero.

El vicesecretario se alió con Rubalcaba para que éste fuera candidato, con la esperanza de tener su apoyo para aspirar a ser presidente de la Xunta de Galicia. Esos eran sus planes hace unos meses hasta que el escándalo en el que se ha visto envuelto le ha obligado a renunciar a sus ambiciones e irse por la puerta de atrás.

Por si ello fuera poco, Blanco ha sufrido un durísimo castigo electoral en Lugo, donde el PSOE ha perdido cerca de la la mitad de los votos obtenidos hace cuatro años, siendo ampliamente superado por el PP en su tierra natal. Su debacle personal ha pasado desapercibida en medio de la catástrofe de su partido.

Fue Rubalcaba quien puso «la mano en el fuego» por un Blanco que ahora dice que se va. Veremos lo que decide el Supremo.

Pero el ministro de Fomento se ha convertido en el triste símbolo de un partido que es incapaz de afrontar las consecuencias de su derrota electoral y que mira para otro lado cuando la corrupción es de los suyos.

Quien lo hubiera dicho cuando Zapatero hablaba del talante y reivindicaba el republicanismo cívico.

 



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