Arroyo y su visión del Cordero Místico
Confiamos en que no se enteren en Gante
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El Museo del Prado nos sorprende a final de temporada presentando una reinterpretación del pintor español Eduardo Arroyo de 'El cordero místico', magna obra de los hermanos Hubert Jan van Eyck, que se expone en la catedral de San Bavón en la ciudad belga de Gante y es considerada como uno de los símbolos del arte occidental. Se trata de
21 dibujos a lápiz de grafito sobre papel vegetal que recrean en tamaño natural los paneles que conforman la obra, aompañados de material preparatorio y a falta del original, la pieza La Fuente de la Gracia (1430) -de la escuela de Jan van Eyck, que se conserva en el Prado-, una obra basada en el 'políptico' (retablo plegable) de Gante.
El retablo de la Adoración del Cordero Místico, conocido también como Políptico de Gante, está considerada como la obra maestra de estos artistas y uno de los más importantes ejemplos de pintura medieval de Europa Occidental. Se supone que Jan siguió el trabajo a la muerte de Hubert. Sus 24 paneles forman la obra de mayores dimensiones de la pintura flamenca. La tabla central que representa la escena de la Adoración es una obra fundamental en la historia de la pintura ya que presentaba un nuevo campo de visión naturalista. Se basa en el Apocalipsis de San Juan (7.9): "Después de esto, vi que había una multitud tan grande que nadie no la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de blanco y con palmas en las manos, proclamaban en voz alta: La salvación viene de nuestro Dios, que se sienta en el trono, y del Cordero'. Este retablo es un hito en la historia del arte que marca ya la transición del gótico al Renacimiento, alberga un despliegue efervescente de miles de figuras y detalles prodigiosamente concretos. Una ola de luz penetra toda la naturaleza, liga sin brusquedad todos los ambientes y une armoniosamente todas las materias, desde las telas de los ropajes y los metales de las hebillas y coronas, hasta la piel de los rostros o las hojas de los árboles y los edificios del fondo. Son palabras de la denostada Wikipedia con las que queremos señalar ante qué cosa, nada desdeñable, nos encontramos, y con qué pedazo de obra el artista actual se atreve a medirse.
Por razones no claramente explicadas, sin que podamos asegurar si se trata de un encargo o de una iniciativa propia, a finales de la década pasada el pintor madrileño realizó esta visión personal de la obra clásica intentando seis siglos después una reflexión sobre el mundo contemporáneo. Los personajes de la obra original mantienen su posición en el conjunto pero son transformados en aspecto, expresión y/o atuendo: Adán y Eva visten con ropa de calle actual; la Virgen y San Juan leen a Joyce y Stendhal; Caín utiliza un revólver para matar a Abel; el paisaje de Flandes es ahora la Puerta de Alcalá y la Plaza de Castilla de Madrid; Ciudadano Kane y Peggy Guggenheim representan a la pareja de ricos mecenas que encargaron el cuadro original, los muy creyentes Joos Vijdt y Lysbette Borluut, y detrás de ambos aparece ahora el emblema del dólar. Los dos San Juanes son ahora Van Gogh y Oscar Wilde, y los caballeros que galopan a adorar al cordero místico son Stalin y Mao, Mobutu y Pinochet, Pol Pot y el mismo Franco, mientras entre los peregrinos figuran Sigmund Freud, Albert Einstein y Walter Benjamin.
El más relevante de los cambios se produce en la tabla inferior central ya que sustituye el protagonista de la composición, el mismísimo Cordero Místico, elegido por Van Eyck como símbolo de salvación y fuente de vida, por un tapiz de siluetas enlazadas de moscas, el animal fetiche del artista madrileño que a sus 75 años está viviendo una sucesión de looas y homenajes del Establishment oficial verdaderamente inusitada. O no llegamos o nos pasamos y tan sólo en este año, Arroyo ha podido desplegar su personal Bazar en el Círculo de Bellas Artes, y protagonizar una revisión del segundo tramo de la exposición permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía para mayor realce de algunas de sus obras expuestas. Todo ello antes de que el Prado se ponga a sus pies con esta 'Eduardo Arroyo. El Cordero Místico' un honor que pocos artistas pueden lograr.
Volviendo al cordero místico, la tabla central inferior del retablo flamenco y su corazón conceptual y formal, Arroyo explica que ha usado “una tapicería sistemática, una bandera blasonada de moscas ordenadas como aviones Stukas para tratar de mostrar lo inmostrable”. Lo inmostrable lo mostraron los Van Eyck con ese cordero que es el Hijo de Dios y su Eucaristía. La sangre de Jesús es recogida en la copa, lo que se relaciona con el mito del Santo Grial. En el cielo surge la paloma, símbolo del Espíritu Santo, que ilumina la escena. El Cordero está rodeado por catorce ángeles, algunos de ellos con los símbolos de la Pasión (la cruz, la columna, la corona de espinas, la lanza, la esponja). Delante, la fuente de la vida de la que nace un arroyo, cubierto de joyas. Adoran al Cordero cuatro grupos: judíos, sosteniendo el Libro Sagrado; paganos con rostros orientales y diversidad de sombreros y tocados, entre los que destaca una figura de blanco que pudiera ser el poeta Virgilio; la iglesia católica, con los doce apóstoles en primer término y detrás santos y papas; y mártires, hombres y mujeres separados portando palmas. El paisaje representa el Paraíso, con plantas de apariencia mediterránea. En el horizonte se ven colinas, montañas y ciudades. En fin, disculpen, algo más que moscas.
El políptico de Arroyo, reproducción a escala natural, lápiz y papel del de Gante, es acompañado de tres decenas de dibujos y materiales preparatorios, fotocopias de representaciones diversas de los personajes, estudios sobre los mismos, bocetos en color de la iconografía de cada panel, todo ello explicativo del proceso creativo seguido. Una pantalla interactiva permite comparar detalles y personajes de la tabla medieval con el dibujo reciente. No faltan más moscas, tres esculturas del que el pintor denomina su 'animal talismán' que completan el proyecto, comisariado por José Manuel Matilla, jefe del Departamento de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado, como 'un nuevo acercamiento al arte clásico de la mano de los grandes maestros contemporáneos'.
Se ha querido 'reflexionar sobre la evolución de temas fundamentales que, casi seis siglos después, siguen vigentes: la importancia de la religión, las relaciones con el poder económico y político, o el papel social del artista como creador, entre otros'. Pero la propuesta es pobrísima en fondo y forma, tanto que hace interrogarse sobre las razones del Museo para abrir su santuario a una broma como esta. Arroyo dice que su versión ha huido “de la imitación, de la copia, de la espiritualidad recargada que cae en lo grotesco, de la caricatura o de la crítica”. Pero lamentablemente no ha llegado a nada más que un capricho personal, un esbozo fallido, una obra que o se contempla con la benigna misericordia de la ironía o produce cierta indignación molesta. Confiamos en que no se enteren en Gante.
Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 4
Despliegue: 6
Comisariado: 6
Carpeta: 8
MUSEO DEL PRADO
Eduardo Arroyo. El Cordero Místico
4 de julio – 30 de septiembre de 2012
Edificio Jerónimos, sala D
El editor de la Guía Cultural ha vivido una larga carrera profesional en la que ha alternado puestos de dirección en diarios y revistas (Interviú, El Independiente...) con el trabajo como reportero y comentarista. Durante una década fue corresponsal en Londres y en Roma, y también ejerció el periodismo en estancias en París y Tirana. Ha sido corresponsal en Madrid de CNN Interactive y otros medios americanos. Actualmente, además de ejercer la crítica cultural en 'Periodista Digital', escribe libros regularmente y es analista de temas globales en diversas publicaciones digitales e impresas.