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Guia Cultural

'Los iluminados' en el Teatro Español

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Una comuna de las de entonces

Acierto en la sala pequeña del Español con 'Los Iluminados' de Derek Anohen

José Catalán Deus, 10 de mayo de 2013 a las 16:49
Todas las propuestas utópicas del siglo pasado en una síntesis desmitificadora
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Reparto de 'Los iluminados'

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  • Reparto de 'Los iluminados'

'Los iluminados' lleva un mes en la cartelera y se va este domingo. Lástima de no haber podido hablarles antes de una obra tan interesante, de un montaje tan rompedor, de un esfuerzo actoral tan impresionante, y de una pieza en definitiva que será de lo mejor de esta temporada. Se estrenó humildemente en la sala pequeña del Español, apenas tuvo eco en los medios, pero el runrún funcionó y ha llenado el aforo de entusiasmos. No sabemos si quedará alguna entrada este último fin de semana, pero estos iluminados debieran retornar la temporada que viene y hacerlo por la puerta grande.

Aunque Derek Ahonen parezca un frapero resucitado y predique los evangelios revolucionarios pacifistas del siglo pasado, vino a Madrid avalado por su embajada y es un autor de éxito. En aquella época no ocurrían estas cosas pero es lo que tiene el Sistema, que contra lo que predicábamos se fortalecido hasta englobarlo todo. Ahonen tiene una decena de estrenos a las espaldas y entre ellos el más exitoso ha sido esta 'The Pied Pipers of the Lower East Side', la historia de cuatro ciudadanos alternativos que mantienen un pequeño restaurante vegano y viven en una comuna perfecta. Es decir, que discuten, follan, se comen el coco, se exceden en todo, trabajan sin cobrar, viven a salto de mata, y disfrutan de la vida como enanos de un cuento. Un cuento temporal, que esconde mucha tela tras sus idílicas apariencias, y que está destinado a convertirse pronto en recuerdos, como tantas miles y miles de experiencias parecidas que han tenido lugar en nuestros países occidentales en el último medio siglo, a partir de que se superaran los atávicos problemas de subsistencia de la especie humana, de modo que una generación por fin pudo permitirse cuestionar el mundo, e incluso una pequeña parte de la misma se puso manos a la obra con métodos diversos, objetivos variados y el mismo resultado, un fracaso absoluto.

Ahonen, como todo escritor que quiera comerse un colín en nuestros días, sabe que lo ocurrido realmente no importa ya a nadie, e inventa cuatro tipos memorables: un pseudo profeta, agitador teórico desde la barrera; un volcánico desequilibrado y pasional; una tópica seguidora de la psicología transpersonal; y una jovencita con la cabeza llena de pájaros utópicos y amorosos. Forman una de esas comunas de aquellos tiempos en las que se compartía todo, es decir, el sexo, la mugre y los sueños. Para desequilibrar su espejismo llega el hermano menor del jefe representando la siguiente generación, la que aplica cinismo corrosivo al idealismo precedente y sólo  se comunica por 'WhatsApp', esa mensajería gratuita, móvil y en red que está acabando con la comunicación directa entre humanos. Y para darle el golpe de gracia a su feliz rutina, irrumpirá el sexto personaje, quizás el mejor de todos, el rico padrino gracias al que su vida alternativa se mantiene, ese simpatizante de las buenas causas, podrido de pasta, necesitado de emociones, pero siempre con los pies en la tierra para hacer negocios y encontrar todo tipo de justificaciones.

La obra es muy larga, dura dos horas y cuarenta minutos, y por tanto hay que incrustar ese fatídico intermedio que aunque sea corto, corta -valga la redundancia- lo que toda una primera parte de casi dos horas ha ido construyendo con pericia: una atmósfera creíble, una trama que atrapa, una sucesión sorprendente y estimulante de situaciones cuya procacidad y provocación raya los límites pero no se pasa. Y aunque la segunda parte a modo de desenlace tiene sus aciertos, no puede mantener la altura de la primera y resulta colofón algo decepcionante con un viaje astral que ya no impresiona y una metáfora final sobre el poder del dinero que obliga a los espectadores a un replanteamiento mental del que muchos ya no serán capaces. Si la obra tiene continuidad en sala grande, como es de esperar, habría que procurar por todos los medios, cambiar los tiempos: autorizar la salida al baño de los más apurados espectadores en las dos obligadas pausas de cambio de escenario -el montaje de la cama redonda y el epílogo de la mudanza- pero sin encender las luces ni romper la magia.

La traducción y adaptación del original parece buena, aunque se quede a veces a medio camino entre el ambiente original y el nuestro actual. Hubiéramos preferido una fidelidad total al momento original, incluidos los nombres de los personajes, lo que paradójicamente hubiera contribuido a la verosimilitud de algunos momentos dudosos, como la curiosa jerga de procacidad poética que enarbola el prepotente David en su deslumbrante primer diálogo con su desconcertado hermano. Reconozcamos que, aunque sigamos inmersos en inflación de adaptaciones de autores extranjeros más que en aportaciones vibrantes de escritores propios, traerse del Lower East Side a los Pied Pippers ha sido acertado.

Estupenda dirección la de Julián Fuentes Reta, sin apenas un momento de desmayo en un guión vertiginoso, engañoso porque parecería que no pasa nada y pasa de todo. Ese escenario inmóvil está perfectamente resuelto por una escenografía -el desbarajuste de un salón atrabiliario en una casa compartida- usual en los escenarios, resuelta más bien mal que bien la mayoría de las veces, que aquí sin embargo funciona. La iluminación adopta merecidos aires de protagonista, y los recursos sonoros están en su sitio, precisos en el tocadiscos, enigmáticos en el ruido de fondo. Buen movimiento escénico no saliendo de lo habitual y, finalmente, extraordinaria dirección de actores.

El elenco de esta obra merece sendas medalla al trabajo y al mérito deportivo-sexual. El despliegue de facultades de los dos protagonistas masculinos es memorable, especialmente el de Pedro Ángel Roca, que hace un Velarde visceral, débil de mente pero apabullante de lo otro, cuyo exhibicionismo porno es de lo nunca visto. El esfuerzo físico, el derroche de expresividad que se exige a los cuatro protagonistas es enorme, algo menos a Marina Cruz como la pequeña y entrañable Amanecer, que ya bastante tiene con bordar su personaje. Si Jorge Muriel vence la titánica batalla de personificar a este plural líder que es David, contradictorio y ambiguo como todos, Javier Albalá encabeza sin duda nuestra puntuación haciendo un Joaquín aspirante de mérito al mejor personaje secundario de los últimos tiempos. Por su parte, Mariano Estudillo lidiaba con un difícil niñato pretencioso que se transmuta en escena y que domeña con maestría.

Resulta clamorosa la desinformación contextual de este proyecto. Dicen que esta obra 'escrita en el 2008 es precursora de lo que sucedió después a nivel global'. Y es todo lo contrario, un resumen apretado sobre los intentos fracasados de transformación social acaecidos en la segunda mitad del siglo XX, de lo que las episódicas y anecdóticas protestas actuales no son más que remedo inservible, anécdota banal y manipulación mediática.

Es una pena que los impulsores de este montaje, -Jorge Muriel y Julián Fuentes Reta-, no hayan contado con la asesoría desinteresada de algún veterano guerrero buscador, partícipe y conocedor de los sucesivos combates políticos, sociales y espirituales que a partir de los primeros años 60 y hasta el mismo cambio de milenio movilizaron las mejores energías del iceberg comprometido de una generación que se consumió queriendo mejorar las cosas.

Porque así podrían haber entendido que la obra de Derek Ahonen es sobre todo un compendio de lo sucedido y no un adelanto de lo que pueda suceder. El autor hábilmente plasma en cuatro personajes el estallido hippie de los años 60, los escarceos políticos revolucionarios posteriores a mayo del 68, la revolución sexual, el surgimiento de la nueva esperanza verde con la ecología radical y el animalismo a partir de la Cumbre de Río de 1991, y finalmente los terremotos mentales de la New Age, la nueva espiritualidad de síntesis, el cóctel de tradición y sueños que anunciaba una nueva era, La Edad de Acuario, el logro de todas las utopías transformadoras que se lograría con el cambio de milenio. Toda una formidable carga emocional, filosófica, vital y energética que parecía haberse disipado en el eter lejano.

Pero hete aquí que este autor del que nada sabemos plantea un cóctel con todo ello, recordando algún intento de síntesis como el que personificara 'gRRound!' hace dos décadas. Aquellos Grupos de Rreconstrucción de un Orizonte Umano No Degenerado nunca pasaron de una formulación teórica. Planteaban que los sucesivos movimientos de liberación fracasados en la segunda mitad del siglo XX podían y debían confluir en un planteamiento sobre todo práctico y a ras de suelo que cambiara las cosas poco a poco y desde dentro. Luego llegó el 11-S y las esperanzas colapsaron. Más tarde todo entró en crisis, crisis total, sistémica y civilizatoria. A lo mejor o a lo peor surgen ahora a montones y con más fuerza ridículas iniciativas cotidianas como la que pergeñan estos Iluminados. A lo mejor o a lo peor, al final los rebeldes del 68 tenían razón y rápidamente -en unos dos siglos- va surgiendo un mundo nuevo.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Texto: 8
Dirección: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Realización: 8
Producción: 8
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 6


Teatro Español - Sala Pequeña
'Los iluminados', de Derek Ahonen
Dirección, Julián Fuentes Reta
Del 9 de abril al 12 de mayo

REPARTO
David, Jorge Muriel
Amor, Mónica Dorta
Velarde, Pedro Ángel Roca
Juan, Mariano Estudillo
Amanecer, Marina Cruz
Joaquin, Javier Albalá

Traducción, Jorge Muriel y Julián Fuentes Reta
Ayudante de dirección, Pilar Gómez
Diseño de iluminación, Jesús Almendro
Diseño de sonido, Iñaki Rubio
Movimiento escénico, Ana Eva Cruellas
Entrenamiento actoral, Consuelo Trujillo
Fotos y diseño de cartel, Javier Naval
Una producción del Teatro Español.



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José Catalán Deus
José Catalán DeusEl editor de la Guía Cultural ha vivido una larga carrera profesional en la que ha alternado puestos de dirección en diarios y revistas (Interviú, El Independiente...) con el trabajo como reportero y comentarista. Durante una década fue corresponsal en Londres y en Roma, y también ejerció el periodismo en estancias en París y Tirana. Ha sido corresponsal en Madrid de CNN Interactive y otros medios americanos. Actualmente, además de ejercer la crítica cultural en 'Periodista Digital', escribe libros regularmente y es analista de temas globales en diversas publicaciones digitales e impresas.
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