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'Nippon-Kuku' - Compañía Nacional de Danza

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'Nippon-Koku', audaz propuesta en danza

Original e interesante viaje al totalitarismo japonés en Las Naves del Matadero

José Catalán Deus, 12 de febrero de 2014 a las 12:16

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La Compañía Nacional de Danza pretende compatibilizar encargos a coreógrafos españoles junto a la práctica del repertorio clásico y el del siglo XX. Así nace 'Nippon-Koku' a cargo de Marcos Morau y el equipo multidisciplinar de La Veronal, quienes desde 2007 han puesto en escena una decena de espectáculos con los que han ganado prestigio internacional. Una obra ambiciosa de 75 minutos de duración, de alto nivel artístico y técnico, y de difícil asimilación. Estrenada el pasado sábado, está recibiendo una buena y merecida acogida, y representa una providencial colaboración para enderezar el rumbo de la CND. Que sigue siendo complicado entre grandes metas y considerables dificultades.


"Vi a La Veronal hace tres años en Copenhague y a partir de ahí he seguido su trabajo. Le encargué esta pieza y creo que es un trabajo muy cuidado y de gran profundidad que se merece una noche completa", defiende el proyecto José Carlos Martínez, director artístico de la CND. 'Han sido dos meses de trabajo "bastante difíciles" porque muchos de los bailarines no habían tenido nunca antes la experiencia de trabajo partiendo de la improvisación'. Y va a servir de ejemplo de 'lo que puede ser la CND del siglo XXI", que descansa en los tres ejes del ballet clásico, el del siglo XX, y el de dar oportunidad a los creadores españoles de realizar trabajos ex profeso para la compañía.

El proceso de creación de "Nippon-Koku" se aproxima a Japón desde "la idea que puede tener el país alguien que no ha estado allí nunca". Bien osado pero ya practicado anteriormente por La Veronal, que está creando una serie de trabajos que toman como punto de partida un país o ciudad del mundo, piezas que no pretenden constituirse como obras documentales que describan el país de forma directa, sino que se sirven de los elementos que el topónimo proporciona para llevar a cabo el desarrollo de una idea, de un argumento, un imaginario que ha permitido a la compañía diferenciarse en el mapa de la creación contemporánea internacional con una voz propia.  

Nippon-Koku es una forma clásica de referirse a Japón en su lengua, y viene a significar el Estado del Japon. La pieza se inspira en un momento concreto de la la historia japonesa, su surgimiento como potencia mundial y rectora de Asia tras la primera guerra mundial, y el colapso de su incipiente democracia para dar paso a un régimen totalitario e imperialista basado en una ideología aristocrática que ha venido a ser representada en el mundo exterior por el intelectual Yukio Mishima. La pieza describe una sociedad militarizada, pero ya convaleciente y agónica -con incesante presencia de inválidos y sillas de ruedas, acuciada de eslóganes patrióticos, empujada por alaridos en forma de consigna, repleta de gritos autoritarios, gestos marciales y títeres descompuestos.

Hombres y mujeres uniformados responden aún a los incesantes ejercicios de entrenamiento, aunque ya desertan los débiles y los dementes, y la música clásica irrumpe en un panorama dominado por tambores de guerra. Bella, precisa y mínima escenografía (aunque los ventanales tras los que observan los heridos y sus cuidadoras son de una meticulosidad poco vista), una compleja coreografía poblada de ironía, hecha de espasmos, nutrida con prestidigitación, mimo, malabarismo y contorsiones, y un vestuario imaginativo y vistoso, encajan sin fisuras con la coreografía, aportando una lograda plasmación de la idea generadora y del espectáculo en su conjunto. Hubiéramos querido conocer más detalles de la banda sonora en la que se ha buscado un efectista contraste.

Gran trabajo de los bailarines, como bailarines y como actores y actrices, en esa doble exigencia imprescindible en todo montaje actual. Tamako Akiyama contribuye excepcionalmente a la identificación nipona de la obra, pero se la exige demasiada, excesiva, casi histriónica sucesión de órdenes a voz en grito. 

Impresionante incorporación de los objetos al movimiento; complejísimos y de momentos de gran belleza los pasos a dos, a tres, a cuatro; magníficas percepciones de los apuntes clásicos; buena traducción corporal de las tremendas tamborradas marciales... En fin, mucho de valor en una coreografía ultimada colectivamente en un mecanismo de ensayos ciertamente productivo.

No consigue sin embargo Marcos Morau que Nippon-Koku nos transmita su supuesto objetivo, 'poner en duda lo que somos, dónde estamos y la naturaleza de nuestro comportamiento dentro del juego social del que, queriendo o sin querer, somos absolutamente cómplices'. Quizás porque la manera misma de formular su objetivo tiene errores de planteamiento. Nadie es cómplice de nada, todo eso son prejuicios. Y sobre todo porque casi ningún coreógrafo consigue acercarse apenas a la idea que quiere trasmitirnos. Expresar conceptos con la danza, captarlos intelectual y/o emocionalmente es una ardua empresa que por lo menos humildemente a nosotros nos parece quimérica. Tiene razón cuando dice que 'en esta isla flotante de militares desactivados, la acción es tan irreal como una alucinación que acontece en un estado constante de escepticismo'. Quizás tenga menos cuando afirma 'que tal vez no exista mucha diferencia entre nosotros y ese grupo bélico imaginariamente neutralizado. Tal vez todos esperamos inquietos en un último mundo como en un último cuartel abandonado: entrenándonos en todo momento para un siguiente paso que ansiamos pero que nos aterroriza'. No sabemos si estamos ante una apología del individualismo nietchiano o ante una condena buenista.

Será de gran interés saber que opinan en Japón de la pieza, cuando allí llegue. Pareció en Madrid una prolongación del Año Dual que acabamos de vivir, pero no vimos un sólo rostro oriental entre el público.

Nikkon-Koku es danza con dramaturgia, con argumento, un espectáculo coherente y descriptivo, apoyado en una contundente red de elementos visuales y literarios. Personalmente ni el tema ni el estilo nos motivaron, y la coreografía sólo a ratos venció los prejuicios estéticos de quien prefiere belleza, armonía y trascendencia; no sentimos emoción, pero sí reconocimiento y gratitud a un trabajo muy serio, bien hecho y de gran valor artístico. El público quedó impresionado: una parte entusiasta; la otra, un tanto sobrecogida.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Concepto: 6
Coreografía: 7
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Vestuario: 7
Música: 8


MATADERO MADRID
COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA
Nippon-Koku
Del 8 al 16 de febrero de 2014
Estreno absoluto 

ELENCO: Mar Aguiló - Agnès López Río - Tamako Akiyama - Emilía Gisladöttir - Elisabet Biosca - Lucio Vidal - Antonio de Rosa - Mattia Russo - Aleix Mañé - Daan Vervoort - Jessica Lyall

Dirección: Marcos Morau&La Veronal
Coreografía: Marcos Morau&La Veronal en colaboración con los bailarines de la CND
Música: Luis Miguel Cobo
Asistente de coreografía: Lorena Nogal
Dramaturgia: Pablo Gisbert
Escenografía: Enric Planas
Vestuario: David Delfín
Iluminación: Albert Faura
Asistencia en la dramaturgia: Roberto Fratini
Fotos: Jesús Robisco y Borja Suárez Lázaro-Galdiano.


 



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José Catalán Deus
José Catalán DeusEl editor de la Guía Cultural ha vivido una larga carrera profesional en la que ha alternado puestos de dirección en diarios y revistas (Interviú, El Independiente...) con el trabajo como reportero y comentarista. Durante una década fue corresponsal en Londres y en Roma, y también ejerció el periodismo en estancias en París y Tirana. Ha sido corresponsal en Madrid de CNN Interactive y otros medios americanos. Actualmente, además de ejercer la crítica cultural en 'Periodista Digital', escribe libros regularmente y es analista de temas globales en diversas publicaciones digitales e impresas.
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