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Renoir: intimidad - Museo Thyssen

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Renoir en su intimidad

Partiendo de su etapa impresionista, un repaso de la obra más discutida del gran pintor francés

José Catalán Deus, 19 de octubre de 2016 a las 13:53

Uno oye decir Renoir y suena a muy visto, muy trillado, muy pasado. Su nombre lo conocen hasta los que nunca fueron a un museo, y algunos de sus cuadros se han reproducido hasta el hartazgo. Y sin embargo esta es la primera retrospectiva en España. Muy famoso y muy desconocido. 'Renoir: intimidad' reúne 78 obras que seguramente nunca se han expuesto juntas y presenta a un pintor sensorial y sensitivo que fue mucho más que su etapa impresionista.

Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), fundó el impresionismo junto a Monet y lo abandonó una década después. Pasó la segunda mitad de su existencia practicando el retrato como medio de vida y pintando por placer lo que tenía a mano, tras abominar de toda pretensión teórica y convertir la pintura en el único remedio de su dolorosa y progresiva enfermedad, la artritis reumatoide. El cineasta Jean Renoir escribió que su padre “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”. Frente a la concepción habitual que reduce el impresionismo a la “pura visualidad”, la exposición insiste en el supuesto papel central que ocupan las sensaciones táctiles en sus lienzos, en el enfoque todo sensorial y nada cerebral de este gran pintor. Y sirve para constatar que efectivamente fue alguien que celebraba la vida en su sencillo discurrir, un buen burgués que moriría consagrado.

El comisario y director del Museo, Guillermo Solana, asegura que ha sido para él el más difícil de captar de los impresionistas y que quizás por ello llega al Thyssen después de Sisley y de Monet, de Cézanne y Pisarro, y del último en desfilar, Caillebotte, este pasado verano. Se escaparía al patrón del artista moderno por ser radicalmente anticonceptual, por sus firmes prejuicios contra los intelectuales, a los cuales tacharía de tarados incapacitados para sentir, para ejercer los cinco sentidos, que para él eran más importantes que la actividad cerebral. Monet es visual, 'retiniano'; Renoir es táctil, parece hace descubierto Solana. Su particular deseo de proximidad, de tocar, sería la categoría general de su obra y ello ha llevado a acompañar a su nombre en el título de la exposición con la palabra intimidad.

'Renoir: intimidad' está organizada siguiendo un recorrido temático, en torno a cinco apartados: Impresionismo, Retratos, Paisajes, Escenas familiares y domesticas, y Bañistas.

La etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa dos salas de la exposición y reúne algunos de los iconos de su carrera, como Después del almuerzo (1879), un estudio del natural de Le Moulin de la Galette (1875-1876), además de las obras que pinta en La Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París donde trabaja con Monet, como Almuerzo en el Restaurant Forunaise (El almuerzo de los remeros) (1869) o Baños en el Sena (La Grenouillère) (1869). Una selección de retratos femeninos al aire libre o en interiores -Retrato de la mujer de Monet (1872-1874)- y de parejas -El paseo (1870)-, además de un paisaje impresionista, Mujer con sombrilla en un jardín (1875), completan el capítulo. A partir de 1881 la vía impresionista parece agotada y los miembros del grupo se distancian. Renoir vuelve la mirada a la tradición clásica, desde Rafael a Jean-Auguste Dominique Ingres. No abandona el lenguaje impresionista, pero añade a su pintura un énfasis mayor en el dibujo.

Desde finales de los años 1870 y a lo largo de toda la década siguiente, Renoir adquiere una creciente reputación como retratista y se convierte en uno de los pintores más solicitados por la sociedad parisiense. La Srta. Charlotte Berthier (1883), el Retrato de la poetisa Alice Vallières-Merzbach (1913) o el de su marchante Paul Durand Ruel (1910) y sus hijos Joseph Durand-Ruel (1882)
y Charles y Georges Durand-Ruel (1882), son ejemplos de esta faceta.

En la sala dedicada a los paisajes se incluyen vistas de la costa de Normandía y sus alrededores -Colinas alrededor de la bahía de Moulin Huet, Guernsey (1883)- y Provenza, donde comparte motivos pictóricos con su amigo Cézanne -La montaña de Sainte-Victoire (hacia 1888-1889)-, así como de distintas localizaciones del sur de Italia: La bahía de Salerno (Paisaje del sur) (1881).

La exposición continúa con una selección de escenas familiares y domésticas protagonizadas por sus hijos -Coco tomando su sopa (1905) o Jean como cazador (1910)-, su mujer Aline que, con motivo del nacimiento de su primer hijo Pierre, posa en Maternidad (1885) y Aline amamantando a su hijo (1915), así como otros miembros de su entorno más cercano como Gabrielle Renard, la niñera y pariente lejana de Aline, que se convierte en una de sus modelos favoritas -Niño con manzana o Gabrielle, Jean Renoir y una niña (hacia 1895-1896)- y Andrée Heuschling -El concierto (1918-1919)- quien se casará con su hijo Jean tras la muerte del pintor.

Uno de los motivos predilectos de Renoir son los desnudos. Un género que los impresionistas, a excepción de Degas, no trataron por considerarlo académico. Centrado en su propia elaboración estilística, el pintor llega a una de las cimas de su producción con las bañistas, una serie de desnudos al aire libre en los que reivindica una naturaleza atemporal que elude cualquier referencia a la vida moderna. Una visión edénica marcada por la sensualidad de las modelos, la riqueza del colorido y la rotundidad de las formas.

La última sala acoge la instalación Un hermoso jardín abandonado, una experiencia sensorial que busca ser el detonante de una relación más íntima entre la obra de arte y el espectador. Tomando como partida el cuadro Mujer con sombrilla en un jardín, la instalación recurre a sutiles referencias táctiles, olfativas y auditivas para recrear la experiencia de estar en el paisaje pintado por Renoir. Las sensaciones táctiles se exploran mediante una reproducción en relieve del lienzo, que permite a los visitantes apreciar la riqueza de sus texturas. Por su parte, las sensaciones olfativas se evocan a través de diversos recipientes que contienen la fragancia de las flores y plantas que la vista reconoce en el cuadro de Renoir: acianos, amapolas, margaritas, rosas silvestres y hierba. Y, para completar la experiencia, un paisaje sonoro reproduce en la sala de forma envolvente los sonidos propios de este paisaje estival: la suave brisa, el zumbido de las abejas, el canto de los pájaros o las voces de los niños. Un epílogo ingenuo que horrorizará a los puristas y gustará al gran público.

Después del almuerzo (1879) es la imagen elegida para representar la exposición. Es uno de sus más famosos cuadros de la etapa impresionista y según Solana simboliza su 'joie de vivre', ofreciendo al espectador ese sitio libre que se intuye en la escena después de una buena comida, con los postres, el café y el cigarro de antes. Tiene razón Solana en que este tipo de pintura 'gozosa' -positiva. optimista, agradable- hoy día es menos apreciada que la 'trágica' de Van Gogh o de Münch.

Fue un retratista irregular, que necesitaba empatía con el retratado para llegar al fondo; pintó sobre todo mujeres en la intimidad, en escenas cotidianas y en desnudos turgentes, y paisajes para descansar de los continuos encargos como retratista. Sus orondos desnudos femeninos vienen de Tiziano, de Rubens, de Rafael, de Miguel Ángel, y conducen a Picasso. Es Renoir más allá del impresionismo. Renoir cercano: "Yo me pongo ante mi objeto tal como yo lo quiero. Entonces empiezo y pinto como un niño. Me gustaría que un rojo sonara como el tañido de una campana. Si no lo consigo la primera vez, tomo más rojo y otros colores, hasta que lo tengo. No soy más listo. No tengo reglas ni métodos. Cualquiera puede probar el material que uso o verme mientras pinto: se dará cuanta de que no tengo secretos", le confesaba al marchante Vollard, que reprodujo sus conversaciones en un  libro, 'La vida y obra de Pierre Auguste Renoir'. "Soy un pequeño corcho que ha caído al agua y que es arrastrado por la corriente. Me entrego a la pintura tal como viene", le decía. "Y creo que poco a poco entiendo algo de esto".

ADDENDA SITUACIONISTA

Hay que añadir que esta exposición llega en momento poco oportuno pues la memoria y el reconocimiento de Renoir atraviesan horas bajas. Hace un año incluso hubo un episodio inédito protagonizado por un piquete Manti-Renoir manifestándose ante el Museo de Bellas Artes de Boston exigiendo la retirada de sus seis obras expuestas con pancartas que clamaban "la sensiblería daña a la sociedad", una protesta convocada desde la cuenta de Instagram, Renoir Sucks at Painting (la pintura de Renoir apesta).

La anécdota sin precedentes llebaba a Pablo Ortiz de Zárate a recordar es esdiario.com (para ver el artículo completo) el debate que sobre Renoir agita las aguas artísticas. Siendo cierto que su obra Baile en el Moulin de la Galette (vendida en 1990 en Sotheby's) está entre los cuadros más caros de la historia, también lo es que que su cotización internacional ha bajado a la mitad en las dos últimas décadas.

Las críticas de los expertos se centran en su última etapa, la que el Thissen nos presenta ahora. Para Kenneth Baker, prestigioso crítico estadounidense, los cuadros del francés son "azucarados" y "empalagosos". Ariela Budick, experta del Financial Times, se ceba especialmente con sus retratos femeninos finales, que describe como "grotescas parodias envueltas en velos de algodón de azúcar". Tamar Garb, profesora de Historia del Arte de la University College de Londres, va más lejos y ve en esas mujeres desnudas el consuelo de un viejo verde solitario. El Metropolitan de Nueva York ha ido retirando poco a poco de sus salas los más criticados y el MoMA llegó a deshacerse de uno alegando que ya "no pertenece a la historia del arte moderno que queremos contar", según declaró su responsable de pintura Kirk Varnedoe.

La reinterpretación de su biografía presenta a un pintor que harto de pasar penurias económicas, decidió cambiar su estilo para vender más y empezó a pintar lo que le gustaba a los ricos compradores del momento: niñas encantadoras cosiendo, mujeres desnudas retozando en plena naturaleza... Le dio resultado económico en vida: se convirtió en uno de los artistas más ricos y el Louvre o la National Gallery de Londres empezaron a pelearse por sus cuadros. Sin embargo, la calidad de su arte cayó en picado: Degas y Picasso se burlaron de él; y su antigua compañera, Mary Cassat, criticó sus abominables cuadros llenos "de mujeres gordas enormes y coloradas con cabezas pequeñísimas".

Dice Martha Lucy, comisaria experta en Renoir: "A partir de 1950 el arte moderno se empieza a entender como algo que tiene que ser difícil, intelectualmente estimulante". La dulzura extrema del pintor francés no encaja nada bien con este nuevo gusto por la crítica social. Tampoco ayuda su falta de técnica, evidente en cuadros como Las bañistas. Para el crítico de arte Christopher Knight, los cuerpos desnudos que representa aquí Renoir "son como tubos rellenos con aire comprimido, con pechos altos y sin ninguna estructura ósea o musculatura debajo de la piel". Para Roberta Smith, del New York Times, no son más que "dos cruasanes sobre un plato de vegetales".

Vollard en su libro La vida y obra de Pierre Auguste Renoir, le cita diciendo: "Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y bonito, sí, bonito. Ya hay en la vida suficientes cosas molestas como para que fabriquemos todavía más".

En fin, estamos ante la polémica, ante dos visiones, la que glorifica el Thyssen y la que proponen sus denostadores. Razón de más para juzgar con la propia mirada, con el cerebro y los sentidos de cada uno.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: 8
Documentación a los medios: 8

Museo Thyssen-Bornemisza
RENOIR: INTIMIDAD
Del 18 de octubre de 2016 al 22 de enero de 2017
Comisario: Guillermo Solana, , director artístico del Museo
Comisaria técnica: Paula Luengo, conservadora de Exposiciones del Museo
Con el mecenazgo de: Japan Tobacco International (JTI)
Del 18 de octubre de 2016 al 22 de enero de 2017. Bilbao, Museo de Bellas Artes, del 7 de febrero al 15 de mayo de 2017.
Comisario: Guillermo Solana, director artístico Museo Thyssen-Bornemisza.

INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE:
Museo Thyssen-Bornemisza
Dirección: Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid.
Horario: de martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21.
Último pase una hora antes del cierre.
Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales:
- Entrada general: 12 €
- Entrada reducida: 8 € para mayores de 65 años, pensionistas, estudiantes y familias numerosas previa acreditación
- Entrada gratuita: menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo
Venta anticipada de entradas en taquillas, en la web del Museo y en el 91 791 13 70.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS
--Ciclo de cine y Curso monográfico
Además de un ciclo de cine los sábados de noviembre y diciembre, que incluirá una selección de películas relacionadas con la pintura de Renoir y que será de acceso gratuito, el Museo organiza, del 26 de octubre al 14 de diciembre de 2016, el curso monográfico ¿Ángeles del hogar? Lo femenino y las imágenes de la intimidad, de Renoir a las corrientes de vanguardia, en el que se abordará la representación de la intimidad en la pintura de finales del siglo XIX y principios del XX desde una perspectiva de género.



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José Catalán Deus
José Catalán DeusEl editor de la Guía Cultural ha vivido una larga carrera profesional en la que ha alternado puestos de dirección en diarios y revistas (Interviú, El Independiente...) con el trabajo como reportero y comentarista. Durante una década fue corresponsal en Londres y en Roma, y también ejerció el periodismo en estancias en París y Tirana. Ha sido corresponsal en Madrid de CNN Interactive y otros medios americanos. Actualmente, además de ejercer la crítica cultural en 'Periodista Digital', escribe libros regularmente y es analista de temas globales en diversas publicaciones digitales e impresas.
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